El primero, revolucionó la tecnología con Apple; el segundo, transformó el comercio global con Amazon. Y aunque sus estilos de liderazgo eran distintos, coincidían en algo fundamental: las reuniones mal manejadas son uno de los mayores ladrones de tiempo en cualquier organización. También puedes leer: Los 7 miedos que impulsaron a Jeff Bezos a revolucionar el mundo empresarial. Steve Jobs: menos personas, más decisiones Para Steve Jobs, las reuniones extensas y con demasiados asistentes eran una pérdida de tiempo. Su enfoque era simple y riguroso: “Mientras más gente hay en una sala, menos decisiones se toman.” Jobs era un defensor del enfoque extremo. Por eso, en Apple las reuniones seguían (y aún siguen) tres reglas básicas: Solo los necesarios: Nada de asistentes “por si acaso” o “para estar al tanto”. Solo quienes tienen algo que aportar o decidir. No más de tres temas por sesión: La dispersión es enemiga del foco. Duración máxima de 30 minutos: Si no puedes resolverlo en ese tiempo, probablemente no lo tienes claro. Su nivel de exigencia llegaba al punto de rechazar una reunión con el entonces presidente de EE. UU., Barack Obama, por considerar que había demasiadas personas en la sala. Jeff Bezos y su famosa "regla de las dos pizzas" Desde Amazon, Jeff Bezos aplicó una estrategia igual de sencilla y efectiva, aunque más llamativa: “Si dos pizzas no alcanzan para alimentar al grupo, hay demasiadas personas en la reunión.” La idea detrás de esta regla es evitar reuniones con equipos inflados, donde muchos escuchan pero pocos contribuyen. Para Bezos, el tamaño ideal de una reunión productiva es de 10 personas como máximo. ¿Por qué? Porque en grupos pequeños: Todos tienen un rol claro Hay más concentración Se toman decisiones concretas El tiempo se optimiza También te puede interesar: Por qué los CEO más poderosos de hoy lideran con autenticidad, no con silencio Y no es solo una metáfora: en Amazon, esta regla sigue vigente en sus equipos de trabajo. Ambos líderes construyeron empresas de impacto global. Y ambos entendieron que las reuniones no son un fin en sí mismo, sino un medio para avanzar. Por eso, compartían una visión similar: Limitar la cantidad de asistentes Definir claramente los temas a tratar Mantener las reuniones cortas y productivas