La agricultura enfrenta hoy el desafío de producir más alimentos con menor impacto ambiental. En ese contexto, el trabajo de Yara en Ecuador parte de un propósito claro: descarbonizar la cadena de alimentos fortaleciendo la productividad agrícola, en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y con la meta global de Yara de ser carbono neutral en 2050, con un objetivo intermedio de reducir en un 3% la huella de carbono de sus fertilizantes para 2030. Este compromiso se traduce en una forma concreta de trabajar con los productores. En cultivos estratégicos como cacao, flores y banano, Yara Ecuador impulsa programas de nutrición balanceada y eficiente que permiten producir más con menor impacto ambiental. En cacao, un manejo nutricional adecuado puede incrementar hasta en 43% la productividad frente a esquemas tradicionales, contribuyendo al crecimiento proyectado del 10–15% de la industria sin degradar los suelos. En floricultura, el uso de fertilizantes Low Carbon, como YaraTera Calcinit, ha permitido reducir entre 9% y 11% la huella de carbono, evitando entre 6.000 y 7.000 toneladas de CO2 al año en cerca de 2.500 hectáreas, con resultados verificados de manera independiente. La descarbonización también avanza desde la innovación. En ese camino, los bioestimulantes cumplen un rol clave al mejorar la eficiencia fisiológica del cultivo y reducir emisiones por unidad producida. Ensayos y datos de Yara muestran incrementos promedio del 7,2% en rendimiento con soluciones de nutrición especializada y del 6,4% específicamente con bioestimulantes, confirmando que sostenibilidad y desempeño agronómico avanzan juntos. También te puede interesar: McDonald’s reafirma su compromiso con la inclusión laboral de las personas con discapacidad Pero la innovación solo genera impacto real cuando llega al campo y se convierte en conocimiento aplicado. Para que este modelo de descarbonización y eficiencia sea sostenible en el tiempo, es clave cerrar brechas de acceso técnico dentro del sistema productivo. En Ecuador, tras la pandemia, surgió un “micromercado” de pequeños productores florícolas que hoy representa cerca del 15% del área total. En respuesta, Yara impulsó Mujeres en Floricultura, una evolución del programa global Mujeres en Agricultura, orientado a fortalecer el rol de las mujeres rurales como agentes de adopción tecnológica mediante formación técnica, herramientas productivas y capacidades de liderazgo. A través de esta iniciativa, 41 mujeres dedicadas a la producción de flores fueron capacitadas en nutrición de cultivos, liderazgo y gestión financiera, Así, cada acción en el país, desde la nutrición eficiente y la innovación agronómica hasta la transferencia de conocimiento, contribuye a un objetivo global de negocio: reducir emisiones, fortalecer la resiliencia del sistema agrícola y crear valor a largo plazo.