La polarización política, las alteraciones en el comercio global y otros factores de inestabilidad, están afectando a la confianza en las instituciones y la relación con sus diferentes grupos de interés. En este contexto de cortoplacismo y dudas, ¿tiene cabida la sostenibilidad? Sin lugar a dudas. Los principales riesgos globales siguen estrechamente conectados con factores ASG. Si bien hoy prima la atención de las consecuencias que pueda tener la confrontación geoeconómica y los riesgos económicos se toman la agenda de al menos los próximos dos años, no hay que olvidar que entre sus detonantes y/o aceleradores se encuentran fenómenos como el cambio climático y la desigualdad. De hecho, con perspectiva de largo plazo, la incidencia del cambio climático sigue siendo la principal preocupación global, como arroja el reciente reporte de riesgos globales del World Economic Forum (WEF). La clave en 2026 será pasar de un enfoque de la sostenibilidad más ideológico, de narrativas de consenso, a uno pragmático, enfocado en la acción y el retorno, con resultados medibles. Entre las tendencias globales destaca la armonización de los marcos de información corporativa. Hay movimientos al respecto globales para reducir la complejidad y fragmentación normativa. En América Latina, la adopción gradual de las NIIF S1 y S2 contribuye a elevar los niveles de transparencia y a mitigar prácticas como el greenhushing, derivadas del temor a la exposición pública. Si bien Ecuador tiene aun una brecha al respecto, el alineamiento con la región (Brasil, Chile, Costa Rica, México), será inevtibale, cómo ya ocurre en Perú. También te puede interesar: Sula, la primera marca de moda carbono neutro de Ecuador se abre al mundo Al mismo tiempo, se intensifica la lucha contra el greenwashing mediante mayores exigencias de verificación, el uso de taxonomías y una evaluación más estricta de los planes de transición climática. Sin embargo, el verdadero reto va más allá del cumplimiento regulatorio, empresas e inversores tienen ante sí la oportunidad de utilizar los criterios ASG como herramientas estratégicas para mejorar la toma de decisiones, fortalecer la resiliencia y crear valor a largo plazo. En este proceso, la inteligencia artificial emerge como un aliado clave para el análisis de datos, el seguimiento continuo y la medición de impactos, aunque también plantea nuevos desafíos vinculados a su consumo energético y de recursos hídricos. De cara a 2026, avanzar en las finanzas para la transición energética y la adaptación climática resulta asimismo imprescindible, especialmente en América Latina; países como Ecuador ya viven la pérdida de competitividad asociada. Esa conexión de los riesgos con la estrategia y operativa empresarial son por tanto cada vez más manifiestos. También en Ecuador, facilitar este entendimiento, el abordaje desde los directorios y la coordinación entre la alta gerencia, resultan fundamentales, dejando atrás enfoques filantrópicos. La experiencia demuestra que el crecimiento económico y la estabilidad solo serán posibles si los desafíos ambientales y sociales se abordan de manera integrada y con visión a largo plazo. Por: Pablo del Arco Fernández, Socio Director Expansión América en Valora Consultores