Restaurante Mestizo Nacido en Santiago de Chile en 1965 y de ascendencia croata, Radić ha construido una carrera alejada de los grandes estudios corporativos. Su trabajo se caracteriza por una escala íntima pero de enorme peso intelectual. Según el jurado, su nombramiento responde a su capacidad para "utilizar materiales cotidianos de formas inesperadas, creando espacios que se sienten tan antiguos como una formación rocosa y tan modernos como un refugio espacial". También te puede interesar: La confianza en la construcción se dispara a 61,6 puntos este 2026, según el IEE El estilo de Radić es difícil de clasificar, pero se define por la materialidad cruda. Es un arquitecto que "piensa con las manos". En sus obras, es común ver rocas gigantescas conviviendo con membranas translúcidas o vidrio, creando un contraste entre lo pesado y lo ligero, lo permanente y lo efímero. Su arquitectura no intenta dominar la naturaleza, sino que parece haber brotado de ella de manera espontánea y misteriosa. Pabellón de la Serpentine Gallery Una de sus obras más icónicas a nivel internacional es el Pabellón de la Serpentine Gallery (2014) en Londres. En este proyecto, Radić colocó una estructura cilíndrica de fibra de vidrio translúcida sobre grandes piedras irregulares. Esta obra lo catapultó a la fama global al demostrar que la arquitectura puede ser una experiencia poética que desafía las leyes de la gravedad y la percepción. En su natal Chile, el Restaurante Mestizo en el Parque Bicentenario es otro ejemplo magistral de su lenguaje. Aquí, utilizó enormes rocas de granito como pilares que sostienen una losa de hormigón negro. Es una pieza que borra la línea entre la escultura y el edificio, demostrando que la estructura misma puede ser la ornamentación. Su intervención en el Museo Chileno de Arte Precolombino también destaca por su respeto al patrimonio histórico combinado con una modernidad subterránea impecable. Otra obra fundamental es la Bodega Vik, en Millahue, donde el agua y las piedras se entrelazan en un diseño que parece enterrado en la tierra, optimizando el control climático de forma natural. Recientemente, su diseño para la Torre de Antenas en Santiago ha sido elogiado por su capacidad de dotar de estética a una infraestructura puramente técnica, convirtiéndola en un hito visual para la capital chilena. Bodega Vik El jurado del Pritzker 2026 enfatizó que premiar a Radić es un llamado a la sostenibilidad conceptual. En un mundo saturado de construcción masiva, la obra de Smiljan nos recuerda que la arquitectura debe ser sensible al sitio y que el lujo reside en la autenticidad de los materiales y la calidad de la luz. Su enfoque "silencioso" ha influido en una generación de arquitectos que buscan una conexión más honesta con la tierra. Te invitamos a leer: El sector inmobiliario consolida conexiones clave para afrontar los retos de 2026 Con este galardón, Smiljan Radić deja de ser el "secreto mejor guardado" de la arquitectura sudamericana para convertirse en un referente universal. Su legado, compuesto por refugios, museos y pabellones, seguirá recordándonos que un edificio debe ser, ante todo, un refugio para el espíritu humano Fotos: ArchDaily