Como un cisne negro, la pandemia por el covid-19 marcará un antes y un después en la historia global, tal como lo hizo la gripe española 100 años antes. No solamente ha tenido un enorme costo en vidas y salud, sino que ha afectado el funcionamiento de la economía y de la sociedad en general. En Ecuador, al igual que en otros países, la recuperación económica pospandemia ha sido en forma de K, es decir, solamente unos segmentos de la población han recobrado sus niveles de producción, ingreso y consumo previo, mientras que otros se han estancado luego del shock inicial. Esta recuperación desigual rompió con varias décadas de reducción sostenida de la pobreza y desigualdad, ruptura que puede perpetuarse si tenemos en cuenta el acceso diferenciado a la educación virtual. Otras tendencias se aceleraron, como el deterioro de la salud mental y el aumento en los niveles de burnout. Sin embargo, no todo ha sido negativo, la pandemia también propició el trabajo flexible y el comercio en línea. De todos modos, debemos estar preparados para seguir enfrentando los efectos de un shock que todavía está lejos de terminar, como lo muestran las nuevas olas de contagio en 2022. Todo esto, sumado al impacto del cambio climático, la guerra en Ucrania, la inflación global, la inseguridad local, entre otros, plantean un escenario conocido como VUCA, acrónimo que significa; volatilidad (volatility), incertidumbre (uncertainty), complejidad (complexity) y ambigüedad (ambiguity). Ecuador, en el 2021, completó un plan de vacunación coordinado entre el Gobierno, el sector privado y la sociedad civil. En julio de ese año, el porcentaje de personas vacunadas con la primera dosis pasó de menos del 19% al 57%; el país alcanzó la tasa de vacunación diaria más alta del mundo. Pese a la incertidumbre, en ese momento Ecuador supo aprovechar la oportunidad. Los nuevos retos han generado grandes brechas entre lo que es factible y los grandes objetivos sociales, económicos, ambientales y políticos. Este texto se enfoca en la situación económica actual del país a nivel macro y microeconómico, provee una perspectiva sobre sus retos, y concluye con algunos elementos que pueden ser útiles para avanzar hacia un desarrollo más equitativo en la pospandemia. 2. Leve recuperación, pero pobres perspectivas de crecimiento Los efectos económicos de la pandemia profundizaron desequilibrios que ya existían desde el fin de la bonanza petrolera, al cuarto trimestre de 2014. En este quiebre estructural, el país pasó de la aceleración económica impulsada por incrementos sostenidos del gasto público a un periodo de crecimiento nulo, con un sector público obligado a realizar ajustes, dado el inexistente ahorro generado durante el boom y un sector privado refugiado en la informalidad del mercado laboral. En este análisis se utiliza un modelo sencillo y consistente de las principales identidades contables que describen una economía: el modelo de “tres brechas”. Su objetivo es evidenciar las necesidades y fuentes de financiamiento de los tres principales sectores económicos: privado, público y externo. Cada uno genera ahorro que se utiliza para financiar actividades de inversión. Sin embargo, en una economía abierta al mundo -que envía y recibe recursos del exterior- el ahorro nunca es exactamente el necesario para financiar la inversión. Puede suceder, por ejemplo, que el sector privado genere un exceso de ahorro que se termina asignando al financiamiento de inversión pública e, incluso, termine financiando inversiones en el exterior. Tanto en el sector privado como en el público, el ahorro se define como la diferencia entre el ingreso disponible y el consumo. En el sector privado, el ingreso disponible considera a todo lo producido dentro del territorio nacional, más las rentas netas recibidas del exterior y menos los impuestos pagados al sector público. El rubro de las rentas netas recibidas del exterior incluye, por ejemplo, las remesas de los migrantes ecuatorianos. El rubro de impuestos y aranceles pagados incluye todos los del sector privado. Para el caso del sector público, el ingreso disponible corresponde a la recaudación de impuestos y aranceles pagados por el sector privado; mientras que el consumo público corresponde al gasto del Gobierno en la compra de bienes y servicios. La brecha de financiamiento de cada sector nacional corresponde a la diferencia entre el ahorro generado y la inversión. Por lo tanto, una brecha negativa implica que existen “necesidades de financiamiento”, mientras que una brecha positiva representa un “exceso de ahorro”. En una economía abierta, la suma de la brecha fiscal y de la brecha privada da como resultado los requerimientos de financiamiento externo de toda la economía, los mismos que se reflejan en el saldo de la cuenta de capital y financiera de la balanza de pagos. En esta última, los valores negativos representan una entrada de divisas, es decir, que la economía está recibiendo recursos provenientes del exterior. El panel (a) de la Figura 1 muestra las brechas trimestrales desde el T1 de 2018 hasta el T2 de 2022 para cada uno de los tres sectores de la economía, mientras que los paneles (b), (c) y (d) muestran el ingreso disponible, el consumo, el ahorro y la inversión para los sectores nacionales; y la cuenta de capital y cuenta financiera para el sector externo, respectivamente. Hasta el tercer trimestre de 2019 la economía se caracterizaba por brechas privadas negativas, llegando a un mínimo de –4.4% del PIB en el cuarto trimestre de 2018 (panel a). La principal razón para este resultado es que, entre el primer trimestre de 2018 y el tercer trimestre de 2019, la inversión privada llegó a representar 23.5% del PIB en promedio, mientras que el ahorro privado representó 20.6% (Panel b). ➤ Conoce más en nuestro libro digital empresas con triple impacto Por: Diego F. Grijalva, Profesor School of Business y Director del Instituto de Empresa y Desarrollo (IED) Carlos Uribe-Terán, Profesor de la School of Economics Iván Gachet, Consultor independiente