En 2006, Michael Porter y Mark Kramer, dos catedráticos de la Escuela de Negocios de Harvard, presentan en su artículo Strategy and Society: The Link Between Competitive Advantage and Corporate Social Responsibility, una crítica a la responsabilidad social corporativa (RSC) de la época. El artículo refiere que la inversión de la empresa con la sociedad, de forma filantrópica, ajustada a sanear necesidades percibidas o requerimientos. Estas acciones, sin embargo, no permitían generar un vínculo de crecimiento conjunto, y el hecho de no reconocerse mutuamente como un actor clave, dejaba pasar muchas oportunidades. Es en 2011, con el artículo Creating Shared Value: How to reinvent capitalism and unleash a wave of innovation and growth, cuando se define al valor compartido como un enfoque empresarial que busca crear valor tanto para la empresa como para la sociedad. En lugar de centrarse exclusivamente en maximizar las ganancias para los accionistas, el valor compartido se centra en identificar oportunidades para que las empresas aborden problemas sociales y ambientales, y al mismo tiempo, generen rentabilidad y utilidad. Con esto, las compañías pueden mejorar su reputación, construir relaciones más sólidas con sus grupos de interés y reducir los riesgos empresariales a largo plazo. Pilares del Shared Value (2011) Hoy por hoy, se habla mucho sobre la responsabilidad social corporativa (RSC), y son cada vez más compañías las que adoptan estas prácticas como parte de su estrategia empresarial; al consumidor le interesa vincularse con negocios éticos y sostenibles. Pero, una tendencia de mayor innovación y que se está popularizando, es enfocar a la RSC con la creación del shared value y en la construcción de relaciones de confianza y beneficio mutuo, más allá de sus obligaciones legales y financieras. Así, nos encontramos con un paradigma de la empresa que tiene la capacidad para operar de manera sostenible en el tiempo, considerando el impacto social, ambiental y económico de sus actividades en el largo plazo. Este proceso implica la adopción de prácticas responsables como la gestión de los recursos naturales, reducción de impactos ambientales negativos, adopción de prácticas laborales justas y la promoción de la diversidad y la inclusión. Pero, ¿por qué las empresas deberían darle mayor atención a esto? En los últimos años hemos presenciado la necesidad de las empresas por mejorar su imagen y cambiar la manera en la que esta se construye; se han enfocado en mostrarse amigables con la sociedad, reconociendo que su éxito dependerá en gran medida de la salud y prosperidad de las comunidades en las que operan. Y no solamente debería importar la mejora reputacional, sino también la fidelización y atracción de nuevos clientes; la atracción de nuevo personal competente; la reducción de costos sea por la eficiencia energética, reducción de residuos o la mejora de la productividad; y el acceso a nuevos mercados que valoran este tipo de estrategias. Por: Daniel Ramos (Project Manager) y Martín Guerrero (Director de Asuntos Políticos)