El 25 % de las participantes que cursan el taller, son el sostén exclusivo de sus hogares. Estas mujeres son madres solteras cuyos hijos dependen al 100% de ellas, por lo que contar con un programa como este, se convierte en un aliado para ellas y sus familias. Hasta el día de hoy se ha logrado que el 90% de las madres que participan del taller, obtengan una independencia económica y participen permanentemente en las finanzas de sus hogares. Desde el 2014, cuando arrancó el programa “Mujeres Confeccionistas”, se han perpetuado ocho casos de madres e hijas que participan del taller; sin embargo, no lo han hecho de forma conjunta, sino que han sido las madres quienes, desde su propia experiencia, han recomendado a sus hijas. Como estos, hay muchos casos alentadores que motivan la continuación y expansión de esta iniciativa, a través de la cual se brindan las herramientas necesarias para el empoderamiento femenino. Radicando un punto de inflexión en las vidas de las participantes, de la mano de la educación de independencia económica. Este programa se desarrolla durante un periodo de 10 meses con un total de 520 horas de capacitación en gestión técnica de confección básica y operativa, gestión para el emprendimiento y desarrollo humano, a través de módulos que les permiten potenciar tanto su perfil educativo como personal. Sin embargo, la esencia del programa consiste en no solamente enseñar un oficio, sino, sobre todo, motivar la autoconfianza en las mujeres que participan y apoyarlas en su desarrollo profesional. “ Para mí ha sido una gran oportunidad poder recibir las capacitaciones en confección y costura. Mi vida cambió totalmente, ya que antes sólo me dedicaba a ser ama de casa, y hoy en día, gracias a las enseñanzas, cuento con mi propio negocio y me dedico a hacer confecciones de pijamas y lencerías. De esa forma, ayudo a cubrir los gastos de la casa y los estudios de mis tres hijos.”, señala Ana Pionce , una de las mujeres que formó parte del programa en Guayaquil y que ahora juega un rol esencial en la economía de su familia. Los testimonios de las participantes plasman un hito en la dignificación de la labor del modista, como una reivindicación de la importancia de la autonomía y estabilidad, las cuales ellas mismas se han otorgado la potestad de disfrutar. Las mujeres confeccionistas son un claro ejemplo de la evolución de un oficio a una profesión. ¡Celebremos a las mujeres que nos inspiran a creer y a crear!