Deja atrás un proceso de recuperación cíclica iniciado en 2024–2025 y se enfrenta a un escenario de normalización, marcado por mayor disciplina fiscal y una demanda interna que muestra inercia positiva. En este contexto, el desafío central para empresas y formuladores de estrategia no es anticipar si la economía crecerá, sino dónde se concentrará el crecimiento y con qué nivel de riesgo. Los datos de 2025 confirman que la recuperación fue amplia, pero no homogénea. El crecimiento del Indicador de Actividad Económica Mensual del Ecuador (IMAEc) estuvo liderado por servicios, comercio y manufactura, mientras que las ventas reales empresariales mostraron una expansión significativa, impulsada principalmente por el mercado interno. Este desempeño estuvo acompañado por un aumento de la liquidez y del crédito, configurando un entorno favorable para actividades intensivas en rotación, servicios y encadenamientos productivos. Sin embargo, la misma información ya anticipa tensiones en el frente fiscal, particularmente en la ejecución del gasto público. Sobre esta base se construyó un pronóstico sectorial de ventas para 2026, estimado mediante modelos que incorporan correcciones por shocks y simulaciones para capturar la incertidumbre. Esta aproximación permite ir más allá de un escenario puntual y evaluar la asimetría de riesgos sectoriales, un elemento clave en economías pequeñas y abiertas como la ecuatoriana. También te puede interesar: El país cerró 2025 con crecimiento, pero sin impulso suficiente para transformar su economía Los sectores ganadores de 2026 se concentran en servicios privados y actividades ligadas al agro, mientras que el principal perdedor es el sector público. “Otras actividades de servicios”, arte, entretenimiento y recreación, y agricultura, silvicultura y pesca presentan crecimientos positivos incluso en escenarios adversos. Esto refleja una economía que continúa desplazando su eje hacia servicios, consumo urbano y encadenamientos agroproductivos, con menor dependencia de impulsos fiscales directos. Un segundo grupo de sectores -comercio, manufactura, transporte, actividades profesionales, construcción y minería- muestra crecimiento en el escenario central, pero con bandas de incertidumbre amplias. Aquí el mensaje es de contingencia estratégica: el desempeño dependerá críticamente de la continuidad del crédito, de la estabilidad operativa (energía, logística, seguridad) y de la confianza empresarial. En particular, construcción y minería exhiben un alto potencial de crecimiento, pero también una elevada sensibilidad a shocks, lo que exige modelos de inversión escalables y gestión activa del riesgo. Por: Paúl Vera, Ceo de LytiKs