El efecto potenciador del crédito se evidencia en su crecimiento y en el análisis de a quiénes se otorga. Según cifras del Banco Central, los nuevos créditos entregados por la banca privada, entre enero a julio de 2022, ascendieron a USD 17.497 millones, un 25% más respecto al mismo periodo del año anterior. Ante la creciente discusión y exposición de los problemas ambientales y sociales, nace la necesidad de mitigar este tipo de riesgos, y con ello, se convierte en una parte fundamental de una estrategia de finanzas sostenibles. Es por ello que existe una herramienta para lograrlo: el Sistema de Análisis de Riesgos Ambientales y Sociales (SARAS). Pero, ¿qué es el SARAS?: Es un sistema de análisis de riesgo ambiental y social de la actividad del cliente, previo a la aprobación de un crédito bancario. El objetivo es mitigar que un crédito afecte al ambiente, a las personas o a las comunidades cercanas. El presidente de Finanzas Sostenibles de la Asociación de Bancos Privados del Ecuador (Asobanca), David Grey, afirmó que, con la adopción del SARAS, los bancos se vuelven corresponsables de impulsar cambios positivos en las actividades que financian. “El banco no solo revisa el estado financiero del cliente, también revisa su accionar en lo ambiental y lo social de su empresa: se evidencia si el cliente tiene licencias ambientales, si cumple con las leyes laborales (…). Ahora, los bancos empujarán a las empresas al cumplimiento de la legislación nacional, como paso previo para acceder a financiamiento”, dijo Grey. La aplicación del SARAS permite, además, que los bancos identifiquen y mitiguen posibles riesgos ambientales y sociales. “Con el sistema evitamos que, en el futuro, haya empresas o negocios que sean clausurados por falta de cumplimiento de las normativa y legislación. Esos problemas dificultarían el pago de los créditos aprobados”, señaló Grey. Evitar daños reputacionales El sistema SARAS también evitaría daños reputacionales a los bancos porque no financiarían a empresas que desarrollen actividades que incumplan la ley, o que tengan prácticas éticas discutibles o de un alto impacto negativo para la sociedad o el ambiente. En ese sentido, la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD) alerta que el financiamiento de proyectos con malas prácticas ambientales y sociales es una amenaza para el sector financiero porque los bancos podrían verse expuestos a riesgos de crédito, jurídicos, de reputación e imagen. Para evitar estos riesgos, la publicación “SARAS: Una oportunidad para instituciones financieras”, la AFD y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) recomiendan la implementación de la herramienta SARAS porque permitirá a las entidades bancarias diseñar un sistema de gestión de riesgos adaptado a sus procesos. En definitiva, dice la AFD, este sistema permite a la institución financiera mejorar la calidad general de la cartera de préstamos y fomentar procedimientos eficaces para cumplir con la normativa local y los estándares internacionales. Además, de acceder a nuevas fuentes de financiamiento. Los bancos en Ecuador han estado alineados Para las entidades financieras privadas de Ecuador no es nuevo el SARAS, que es una herramienta importante que contribuye a la lucha contra el cambio climático y otros problemas sociales. Los bancos ecuatorianos ya trabajaban en su implementación como una buena práctica desde 2016, cuando se marca un hito para el financiamiento sostenible en el país, pues fue es ese año cuando, de manera voluntaria, la banca privada decidió desarrollar y firmar un Protocolo de Finanzas Sostenibles de Asobanca, una iniciativa estratégica que ha permitido que los bancos privados desarrollar diversas iniciativas en el campo de las finanzas sostenibles, como por ejemplo, desarrollar productos verdes, emitir bonos temáticos, gestionar procesos internos, entre otras acciones, que permiten dinamizar este mercado que todavía era incipiente en el país antes de ese año.