La Organización Mundial de la Salud afirma la importancia de la salud mental y la define como “un estado de bienestar mental que permite a las personas hacer frente a los momentos de estrés de la vida, desarrollar todas sus habilidades, poder aprender y trabajar adecuadamente y contribuir a la mejora de su comunidad. Es parte fundamental de la salud y el bienestar que sustenta nuestras capacidades individuales y colectivas para tomar decisiones, establecer relaciones y dar forma al mundo en el que vivimos. La salud mental es, además, un derecho humano fundamental y un elemento esencial para el desarrollo personal, comunitario y socioeconómico” (OMS, 2022) y en sus objetivos primordiales promueve la intervención en promoción, prevención y tratamiento de la salud mental. También las OMS (2022) declara que la depresión y ansiedad en la población ha aumentado hasta un 25% desde la pandemia. Y subraya la importancia de priorizar la salud mental y sus cuidados. Los estudios científicos además relacionan la salud mental con la salud física, los problemas mentales se traducen en numerosas ocasiones en malos hábitos de vida: peor alimentación, problemas de sueño, consumo de tóxicos lo que conlleva mayores problemas físicos (Gilmour, 2014). Naciones Unidas, además, declara el momento actual como el más necesario para priorizar la salud mental. Afirma el triple impacto del Covid-19, el cambio climático y las guerras y conflictos en curso en la población mundial y por ello confirma que hay un empeoramiento de la salud mental y la necesidad de tomar acción (ONU, 2023). También te puede interesar: Reducir su huella de carbono, la meta del sector hospitalario El tratamiento de la salud mental debería ser accesible a todas las personas. Por una parte, la prevención de los trastornos es muy importante desde infancia y adolescencia, este momento debería ser la primera diana para la prevención. En el caso de que la aparición de los trastornos mentales no se pueda prevenir, es importante destacar la necesidad de la atención temprana. Una detección precoz de cualquier problema mental ayuda a minimizar el impacto en las personas que la sufren, ya que esto ayudaría a un tratamiento precoz de su sintomatología minimizando el impacto en su vida y en muchos casos la cronificación. Por ejemplo, es una persona con depresión y ansiedad que tenga un diagnostico precoz y tratamiento adecuado, esta intervención ayudará a comprender la enfermedad desde el principio y darle estrategias para su manejo y por lo tanto tener menos consecuencias derivadas de su enfermedad. Cuanto mayor es el tiempo que pasan las personas con problemas mentales sin tratamiento, peor suele ser la evolución de su enfermedad. Sin negar además el sufrimiento que esto con lleva para la persona y su familia y las consecuencias psicosociales (rupturas de familias, pérdidas de empleo, problemas económicos…).Además, no detectar y tratar algunos problemas mentales puede llevar al desenlace fatal que es el suicidio. Un aspecto con grandes repercusiones. Cuando una persona se suicida es común que aparezcan cuadros de depresión en sus familiares. Implementar la salud mental en el sistema sanitario público mejora la evolución de las enfermedades mentales, minimiza su impacto psicosocial, mejora la calidad de vida de afectados y familiares, controla el impacto en la salud física y por lo tanto es una inversión no solo en calidad de vida de las personas afectadas si no también del sistema sanitario pues recudirá los costes derivados de la enfermedad.