La nutricionista Alegría Valdez presentó una charla directa y pedagógica sobre salud hormonal desde la medicina funcional y ortomolecular. Su enfoque parte de una premisa clara: el síntoma no siempre revela el origen. “Tres pacientes pueden tener sobrepeso por causas distintas; si los trato igual, no sano a ninguno”, señaló, al subrayar que sueño, estrés, digestión, historial clínico y hábitos pesan tanto como la dieta. Valdez describió la resistencia a la insulina como uno de los motores silenciosos del desequilibrio: picos de azúcar —por alimentación o estrés— elevan insulina, favorecen acumulación de grasa y, con ello, un aumento de estrógenos. El resultado puede ser acné, hirsutismo, ciclos irregulares y síndrome de ovario poliquístico (SOP). En hombres, el exceso de tejido adiposo baja testosterona y sube estrógenos, con efectos metabólicos visibles. Otro eje fue el estrés crónico: el cortisol alto deprime progesterona y empuja la dominancia estrogénica, agravada por disruptores endocrinos (plásticos, pesticidas) y por la mala “eliminación” del estrógeno. Aquí, explicó, entra el hígado (metilación) y el intestino: sin vitaminas B en formas metiladas (B9, B12, B6) y con disbiosis o estreñimiento, los metabolitos del estrógeno no se depuran y vuelven al torrente, perpetuando síntomas. “No es solo una hormona fuera de rango, es un sistema que perdió balance”, resumió. La especialista advirtió contra la normalización de señales de alarma —acné persistente, ciclos dolorosos o irregulares, menopausia “caótica”— y contra soluciones parciales que enmascaran el problema (p. ej., anticonceptivos sin trabajar hígado–intestino–estrés–insulina). Su protocolo integra higiene del sueño, manejo del estrés (respiración, mindfulness, movimiento), ajuste fino de macronutrientes y suplementación estratégica (no genérica), junto a probióticos con evidencia —como Lactobacillus plantarum— para mejorar sensibilidad a la insulina y salud intestinal. El cierre fue práctico: evaluar la raíz (laboratorios adecuados, historia clínica completa), educar al paciente y avanzar por “capas” —sistema nervioso, insulina, digestivo, detox hepática— para que el cuerpo recupere su homeostasis. “La salud hormonal es un rompecabezas: cuando encajamos todas las piezas, el metabolismo responde”, concluyó Valdez, invitando a ver el bienestar como un proceso integral y sostenido, no como un atajo.