La medicina prepagada dejó de ser un beneficio complementario para convertirse en una herramienta de gestión del talento y competitividad. Tras la pandemia, el sector registró un crecimiento cercano al 30%, impulsado por una mayor conciencia sobre la salud y por la necesidad de las empresas de garantizar una atención médica más ágil para sus colaboradores. Contar con un seguro privado permite reducir el ausentismo, acelerar el acceso a consultas y fortalecer la productividad. A ello se suma un incentivo tributario vigente desde 2016 que permite deducir hasta el 200% de este gasto del impuesto a la renta, aunque todavía es poco conocido. “De cada diez empresas con las que me reúno, nueve desconocen la ley”, señala Tito Rubio, Presidente de la Asociación de Productores de Seguros del Ecuador (APSE). También te puede interesar: 1,6 millones de ecuatorianos cuentan con cobertura médica privada mientras busca impulsar nuevos modelos más accesibles Coberturas a la medida y más prevención La evolución del mercado está cambiando el enfoque de las coberturas. Hoy las aseguradoras incorporan chequeos preventivos, asesoría nutricional, telemedicina y programas que incentivan hábitos saludables. Sin embargo, Rubio advierte que la principal barrera sigue siendo cultural: muchas empresas y colaboradores aún utilizan el seguro solo cuando aparece un problema de salud. “Estamos acostumbrados a apagar fuegos, no a prevenir el fuego”, resume. En este escenario, la inteligencia artificial y el análisis de datos permitirán personalizar coberturas, anticipar riesgos y agilizar la atención médica. Para Rubio, el reto no será solo incorporar más tecnología, sino fortalecer una cultura de prevención. En ese camino, la prioridad no debe ser ofrecer el seguro más económico, sino el que genere mayor valor sostenible a futuro para cada organización. “No se trata de subir el precio, se trata de subir el valor”, concluye.