Hija de madre alemana y padre francés, Dany -como todos la llaman- nació y creció en Ecuador. Seis generaciones de su familia, durante 300 años, dedicaron su vida a la panadería, en la campiña del sudeste francés. Dany forma parte de esa larga y respetada estirpe de panaderos, representando a la sexta generación y fue, justamente su padre, René, quien trajo esos conocimientos y tradición a Ecuador. ¿Cómo nació el gran negocio de panadería francesa? A sus 15 años, René era aprendiz de pastelero y su jefe le pidió comprar cacao de Guayaquil. Fue la primera vez que escuchó sobre Ecuador. Una vez aquí, trabajó en la producción de leche en una hacienda y, más adelante, fue contratado por Güitig, donde elaboró sus primeros croissants y pasteles. Este impulso inicial lo llevó a abrir, en 1951, un salón de té. Pero no fue hasta 1958 cuando dio vida a Cyrano, ubicado en la avenida 6 de Diciembre, llamándolo así en honor a Cyrano de Bergerac. Dany vivió en medio de dos culturas extremas y opuestas: la alemana y la francesa. “La Segunda Guerra Mundial no se terminó en Europa, continuó en mi casa”, cuenta entre risas. De ahí nace la disciplina y la estructura con la que se educó, que se entremezcló con un espíritu bohemio europeo. “Desde niña me sentaba junto a mi papá a ver como horneaba y armaba tortas", dice Dany, quien, tras estudiar Arte y Comunicación, trabajó como productora de televisión en Teleamazonas, empleo que decidió dejar para emprender. Dany recurrió a un préstamo para comprar maquinarias y se asoció con su hermano Christian. Así nació Corfú, una propuesta innovadora en la que los clientes veían como se hacían los conos y canastas (tulipanes). Y el éxito fue inmediato. También te puede interesar: La increíble historia de Starbucks y el ejecutivo que llevó la marca a la fama “Nunca me imaginé que ser emprendedora iba a ser tan sacrificado”, dice entre suspiros. Durante años, nunca tuvo fines de semana libres, pues atendía -de forma personal- en el local. Hoy, Dany también ejerce el liderazgo como CEO de Cyrano. Ha ampliado el negocio para ofrecer pan y repostería francesa a más sectores de la ciudad, con más de 15 locales, incluyendo el Valle de los Chillos y Cumbayá. Liderar con propósito En cada uno de los productos de Cyrano se transmite el valor del campo y de la tierra; el sentido de la transparencia y la honestidad. Ser artesanal, evidentemente, ha sido el ADN de Cyrano a lo largo de estos 64 años de vida. Ahí la decisión de mantenerse como una marca local, lejos de convertirse en una nacional o global. “Cuando tienes un producto de élite o aspiracional, no puedes multiplicarte. Caso contrario, ¿cuál sería la expectativa de venir a Quito y visitar las tiendas de Cyrano?”, cuestiona Dany. A esto se suma que cada innovación y desarrollo pasa por el paladar de Dany quien -además- se preocupa por la atención al cliente y la experiencia del consumidor. Así, la vida de esta empresaria y la de su familia se ha convertido en un homenaje al savoir faire (dicho francés que hace referencia al arte de disfrutar la vida), manteniéndose de generación en generación desde el siglo XVIII y podría comprenderse como la sabiduría para amasar el pan y la vida. Fuente: Revista Violeta