Detrás de esa transformación está Roberto Aguirre Román, Presidente del Directorio, quien asumió el timón a una edad temprana y ha guiado a la compañía con una mezcla de disciplina heredada, visión estratégica y apuesta constante por la diversificación. Su historia es la de un líder que aprendió en la práctica, que ha enfrentado mercados complejos y que hoy proyecta a NIRSA hacia un futuro más amplio que el mar que la vio nacer. Roberto Aguirre Román nació en Quito en 1949. Es hijo de Julio Aguirre Iglesias, y de Gloria Román Pérez. “Estudié en el Colegio San José y luego en el Colegio Americano (ambos ubicados en Guayaquil); en 1968 me fui a México a estudiar en el Tecnológico de Monterrey. Nunca pensé que tendría que interrumpir mi carrera tan pronto”, recuerda. En 1972, la vida le presentó un golpe inesperado: la enfermedad y posterior fallecimiento de su padre lo obligaron, con apenas 22 años, a asumir responsabilidades empresariales. “Fue muy difícil. Éramos tres hermanos jóvenes y tuvimos que aprender rápido. En mi caso, regresé de la universidad directo a las oficinas, trabajando de la mano de mi padre hasta el final”. No era un mundo del todo nuevo para él. Desde el colegio, su padre lo llevaba a la planta durante las vacaciones. “Nos hacía trabajar un mes y medio para conocer la operación. Aprendí primero lo técnico, luego lo administrativo. Esa base me ayudó mucho cuando me tocó dirigir”. Los orígenes de NIRSA La historia de NIRSA se remonta a 1957, cuando se fundó como la primera planta de conservas de sardinas en Ecuador, sustituyendo importaciones estadounidenses por producto nacional. “Empezamos con sardinas; en 1963 entramos al atún, y ahí arrancó una nueva etapa”, relata con orgullo. Desde entonces, la compañía no ha dejado de crecer y adaptarse. A lo largo de los años amplió su portafolio con harina de pescado, conservas en múltiples presentaciones y, desde hace 25 años, camarón con valor agregado. La innovación también ha sido parte de su estrategia con productos como el encebollado enlatado, que ha conquistado tanto al mercado local como a la comunidad ecuatoriana migrante en el extranjero. “Este producto es tan bueno como el de las huecas de Ecuador, pero más accesible, y gusta en todos lados”, afirma. Diversificación como estrategia Para Aguirre, la diversificación ha sido una constante en la visión corporativa. “Siempre hemos querido hacer productos innovadores, con varias presentaciones y formatos, para distintos mercados. Eso nos da flexibilidad y resiliencia”. Su apuesta ha incluido tanto el consumo final como insumos para otras industrias. “En camarón, por ejemplo, tenemos líneas modernas y trabajamos mucho valor agregado; en atún, exportamos lomos congelados a Europa y en conservas manejamos una gran variedad de sabores y envases”, afirma. Uno de los capítulos más exigentes de su carrera fue en los años noventa, cuando buscó abrir el mercado europeo sin aranceles. “Nos tomó tres años y medio de gestiones, con hasta 14 viajes al año a Europa. Al final, logramos que Ecuador obtuviera preferencias arancelarias dentro del Sistema General de Prefencias (SGP). Eso impulsó la producción nacional y aseguró mercados clave para nuestro sector”. La filosofía de Aguirre es clara: “Han sido 60 años haciendo las cosas de forma correcta. La honestidad es la base. Un líder debe marcar la ruta, pero también ser recto en sus principios; eso inspira confianza y sostiene el liderazgo en el tiempo”. Para él, la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace es la esencia del respeto dentro y fuera de la empresa. Esa rectitud, asegura, ha sido clave para que NIRSA logre consolidar relaciones de largo plazo con clientes, colaboradores y aliados estratégicos. También te puede interesar: Guillermo Lasso Alcívar: Liderar con innovación, crecer con propósito Reconoce que la trayectoria empresarial no está exenta de altibajos. “Hay momentos de gran satisfacción, como lograr un acuerdo comercial, y otros muy duros. Hay que saber vivir cada uno, administrarlos y aprender de ellos”. En su experiencia, las victorias llegan con paciencia, constancia y disciplina, mientras que las dificultades exigen carácter y serenidad. Para Aguirre, ambas son parte inseparable del camino: las unas motivan a seguir creciendo y las otras enseñan a fortalecerse como persona y como organización. Hace ocho años, NIRSA inició el proceso para obtener la certificación MSC, el estándar global más exigente en pesca sostenible. “Al inicio fue difícil porque éramos una sola empresa; luego creamos Tunacons, un grupo de varias compañías, y en cinco años logramos la certificación. Hoy es un orgullo para Ecuador y para la industria”, afirma. Aguirre tiene claro el rumbo: “Estamos evolucionando hacia ser una empresa de alimentos más allá de los productos marinos. Queremos diversificar hacia nuevas categorías, tanto para el mercado local como para exportaciones”. Con la experiencia que da una vida dedicada al negocio, su consejo es contundente: “Diversificar es clave. No se puede depender de una sola línea de negocio. Ampliar el portafolio es lo que catapulta el crecimiento futuro”. Roberto Aguirre ha llevado a NIRSA a convertirse en un jugador clave en el sector pesquero mundial, combinando visión estratégica, disciplina y adaptación al cambio. Su historia demuestra que el liderazgo empresarial no se hereda, se construye día a día, con trabajo, valores y capacidad para navegar en aguas cambiantes. Por: Andrés Calvopiña Cervantes. Fotos: Vicente Costales