Factores como la crisis energética, la inseguridad y el endurecimiento fiscal impactaron en la producción, el empleo y la confianza empresarial. A pesar de este escenario adverso, hubo señales de resiliencia en el frente externo, con un dinamismo en las exportaciones y un flujo récord de remesas que ayudaron a sostener el consumo interno. Al mismo tiempo, la reducción del riesgo país y el respaldo financiero internacional ofrecieron un respiro en medio de la incertidumbre. Este contraste entre debilidad interna y fortaleza externa perfila los principales retos y oportunidades que marcarán el rumbo de la economía ecuatoriana en los próximos años. Después de tres períodos consecutivos de crecimiento con tendencia a la desaceleración, la economía ecuatoriana se contrajo un 2% en 2024. Esta situación se explica por una caída simultánea de los principales componentes de la demanda agregada: el consumo de los hogares (-1,3%), el gasto público (-1,2%) y la inversión (-3,8%). La contracción de la actividad económica también se reflejó en un menor ritmo de crecimiento de los precios. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), al cierre del año pasado, la tasa de inflación anual se ubicó en 0,53%, lo que representó 0,82 puntos por debajo del mismo mes en el año 2023. Este debilitamiento estructural tuvo como contexto una crisis energética y de seguridad ciudadana sin precedentes. Según estimaciones de la Cámara de Comercio de Guayaquil, los cortes de energía eléctrica de hasta 14 horas diarias generaron pérdidas de aproximadamente USD 12 millones por hora. Estas interrupciones afectaron directamente la capacidad productiva del sector industrial, el clima de inversión, la recaudación tributaria y el empleo formal. A ello se sumó la entrada en vigencia de reformas fiscales, como el incremento del IVA del 12% al 15% desde abril, que ha tenido un efecto contractivo sobre el consumo privado. Por otro lado, de acuerdo con el informe 2024 de la organización Insight Crime, Ecuador se posicionó como el país más violento de América Latina, con una tasa de 38,8 homicidios por cada 100 mil habitantes. En contraste, el sector externo mostró un mejor desempeño, atenuando los efectos de la crisis interna que atravesó el país. En 2024, las exportaciones crecieron un 10,6%, alcanzando los USD 34.421 millones, apoyado principalmente por el comportamiento favorable de las exportaciones no petroleras que representaron el 72,2% de las exportaciones totales. Con USD 6.992 millones, el camarón se mantuvo como el principal producto de la canasta exportable no petrolera. Le siguieron el banano, con exportaciones por USD 3.839 millones y el cacao y elaborados, con USD 3.618 millones. Este último presentó un crecimiento del 173,5%, que respondió a los precios récord que alcanzó la fruta en el mercado internacional durante 2024, llegando a superar los USD 12.000 por tonelada en el último mes del año, debido al déficit de oferta en países productores como Ghana y Costa de Marfil. En la actualidad, el precio del cacao bordea los USD 8.000 por tonelada. Aunque las exportaciones de productos mineros disminuyeron un 7,5% hasta los USD 3.075 millones, se mantienen como un importante generador de divisas para el país, situándose como el cuarto producto de la canasta no petrolera, con una participación del 12,4%. Las remesas de los trabajadores aumentaron un 20,1%, al pasar de USD 5.447 millones en 2023 a USD 6.540 millones en 2024, una cifra récord que equivale a aproximadamente el 5,2% del PIB. De esta manera, las remesas se mantienen como una importante fuente de consumo interno, aportando liquidez a la economía y equilibrio en la balanza de pagos. De acuerdo con Ernesto Revilla, economista jefe de Citi Research para América Latina, la reciente aprobación del impuesto del 1% a las remesas enviadas desde Estados Unidos por parte del Senado de ese país podría sugerir una desaceleración en el flujo de remesas, pero no hay temor de un shock o una caída significativa en ellas. En el primer trimestre de 2025, el flujo de las remesas creció un 23,7% frente al mismo periodo de 2024, alcanzando los USD 1.724 millones. El riesgo país de Ecuador tuvo una evolución marcada por altibajos, pero cerró el año con una reducción significativa, lo que tuvo efectos positivos en la economía. Aunque la crisis energética y de inseguridad ciudadana, y el periodo de elecciones presidenciales, elevaron temporalmente el riesgo país, las medidas y reformas económicas gubernamentales enfocadas en reducir el déficit fiscal, optimizar el gasto público e incentivar la inversión privada marcaron un descenso de 2.055 puntos en enero a 1.200 puntos en diciembre de 2024. El 18 de julio, la aprobación de un nuevo desembolso de USD 600 millones y ampliación del acuerdo en USD 1.000 millones con el FMI, elevó el financiamiento total del programa de cuatro años de USD 4.000 millones a USD 5.000 millones, reforzando la estabilidad financiera del país. En ese mismo mes, el riesgo país bajó a 786 puntos, su nivel más bajo en tres años. Tras un repunte en 2022, cuando alcanzó un crecimiento del 35,7% hasta los USD 882 millones, la Inversión Extranjera Directa (IED) ha mostrado una tendencia a la desaceleración, alcanzando los USD 318 millones en 2024. En el último año, esta disminución tuvo mayor repercusión en los sectores de electricidad, gas y agua (-3.486,3%), construcción (-268%) y servicios prestados a las empresas (-119,9%). Por su parte, el mayor flujo de capitales se orientó hacia la industria manufacturera. Luego de experimentar una disminución en el 57,1% en 2023, la IED en el sector creció un 239,8% hasta alcanzar los USD 122 millones en 2024, provenientes principalmente de China (USD 59 millones), España (USD 25 millones) y Suecia (USD 20 millones), según el BCE. Perspectivas económicas del sector productivo Según cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI), la economía mundial creció un 3,3% en 2024, y se estima una desaceleración a 2,8% en 2025. Esta tendencia también se proyecta en las economías de Estados Unidos, con un crecimiento de 1,8% y China, con 4%, tasas que representan un punto porcentual menos que en 2024. Aunque el aumento de aranceles, especialmente impulsado por políticas proteccionistas de Estados Unidos, ha generado tensiones en el comercio internacional, no ha desencadenado una escalada en términos de guerra comercial como esperaban los mercados. No obstante, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) advierte que amenazas crecientes, incluidos los cambios abruptos en las políticas comerciales, la volatilidad financiera y el aumento de la incertidumbre en los mercados, podrían seguir debilitando las perspectivas globales, con ajustes en la proyección de crecimiento hasta el 2,3% en 2025. Por su parte, Citi Research estima para América Latina y el Caribe un crecimiento del 2,2% en 2025, apoyado en su buen posicionamiento en el entorno comercial, manteniéndose resiliente en medio de la incertidumbre que persiste en la economía global. Argentina (5,3%), República Dominicana (4,7%) y Panamá (3,9%) son las economías que proyectan la mayor expansión en la región. Pese a que el incremento de aranceles por parte de Estados Unidos podría afectar la producción global y la cadena de suministros, la ubicación geográfica (zona bajo la influencia del país norteamericano) podría representar una oportunidad para que los países de la región se conviertan en un buen sustituto para sus importaciones. Este crecimiento podría verse apoyado por tasas positivas en todos los sectores de la economía, especialmente por la recuperación del comercio (3,6%) y de la explotación de minas y canteras (0,9%), así como por la expansión del sector agropecuario (4,1%) y de la manufactura de productos alimenticios (1,7%). En 2024, las ventas a nivel nacional sumaron USD 244.543 millones, lo que reflejó un crecimiento del 2,5%, una tasa menor que la registrada en 2022 (3,9%), según el Servicio de Rentas Internas (SRI). En ese año, la Superintendencia de Compañías, Valores y Seguros (SCVS) reportó 130.934 empresas como parte del sector societario, con ingresos por USD 152.680 millones, activos por USD 165.121 millones, utilidades por USD 11.345 millones y una contribución a la recaudación tributaria por USD 2.506 millones. Entre enero y mayo de 2025, las ventas totales en el país crecieron un 8,3% interanual, hasta alcanzar los USD 98.271 millones, lo que refleja un mayor crecimiento frente a 2023, cuando se situaron en un 3,2%, de acuerdo con el SRI. De mantenerse esta tendencia, se revelarían perspectivas favorables para la economía en 2025. En 2024, la contracción de la economía afectó el desempeño de los indicadores del mercado laboral. Hasta diciembre de 2024, el empleo adecuado se ubicó en un 33%, lo que equivale 2,9 puntos menos que el mismo mes de 2023, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). Por su parte, hasta junio de 2025, el empleo adecuado aumentó ligeramente en 0,4 puntos situándose en 35,9% frente al mismo periodo de 2024. Mientras que la tasa de desempleo se ubicó en 3,5%. La cantidad de personas empleadas en el país alcanzó un total de 8.339.905 al cierre del primer semestre de 2025. De esta cifra, seis de cada 10 empleos fueron ocupados por hombres con una tasa de empleo adecuado del 42,8%. En tanto que, del empleo femenino (cuatro de cada 10 empleos), el 29,2% fue uno adecuado, lo que refleja la persistencia de un desafío estructural en el mercado laboral, marcada por una brecha de género tanto en la contratación como la calidad del empleo. En este contexto, el panorama económico para Ecuador podría describirse como cautelosamente positivo, con un buen desempeño en sus principales indicadores macroeconómicos y perspectivas favorables de crecimiento en 2025, por encima del promedio regional. Sin embargo, la incertidumbre en los mercados internacionales, debido a la guerra comercial promovida desde Estados Unidos, el impacto de los cambios en sus políticas migratorias y las próximas decisiones de la FED sobre sus tasas de interés (que oscilan entre 4,25% y el 4,5%), podrían configurar un nuevo escenario macroeconómico con incidencia directa sobre las economías de América Latina y el Caribe. A esto se suman las expectativas de los mercados frente al desarrollo de los conflictos en Europa del Este y Medio Oriente, lo que podría tener un impacto en el comercio mundial y en la volatilidad de los precios internacionales de los commodities. Frente a estos desafíos, la economía ecuatoriana precisa una agenda público-privada enfocada en consolidar la recuperación del aparato productivo nacional, con acciones directas sobre la producción y el empleo. Para ello, es clave promover la inversión y el financiamiento en los sectores de la economía con mayor potencial de crecimiento y capacidad de encadenamiento productivo. Temas relacionados: Ranking 1000 Empresarial: Metodología Evolución del Ranking 1000 Ranking 1000: TOP 15 Por: Pamela Flores H. y Jonathan Guamán Ch., Ekos Research