El escenario global para 2026 se perfila más complejo y volátil, de acuerdo con el Informe de Riesgos Globales 2026 elaborado por el Foro Económico Mundial. El estudio identifica a la confrontación geoeconómica como el principal riesgo inmediato, en un contexto de creciente competencia entre potencias, fragmentación de las cadenas de suministro y uso estratégico de herramientas económicas que presionan la estabilidad global. La percepción de los líderes y expertos consultados refleja un deterioro significativo de las expectativas. Según el informe, la mitad de los encuestados anticipa un panorama mundial turbulento o problemático en los próximos dos años, una proporción mayor a la registrada en la edición anterior. Solo una minoría prevé un entorno estable o apacible, lo que evidencia un clima global dominado por la incertidumbre. También te puede interesar: Ecuador perfila inversiones millonarias tras cumbre energética en Madrid En el corto plazo, los riesgos económicos son los que más terreno ganan. El Foro Económico Mundial advierte que la desaceleración económica y la inflación escalaron con fuerza en la clasificación de riesgos, acompañadas por la preocupación ante el aumento de la deuda y la posibilidad de burbujas de activos. Estas tensiones, sumadas a los conflictos armados y la fragmentación social, elevan la probabilidad de choques económicos de alcance global. El informe también subraya el avance de los riesgos tecnológicos y sociales. La desinformación se consolida como una de las principales amenazas, mientras que la inseguridad cibernética y las consecuencias adversas de la inteligencia artificial ganan relevancia, especialmente en el horizonte de largo plazo. A ello se suma la persistencia de la polarización social y la desigualdad, identificadas como riesgos altamente interconectados. Aunque en el corto plazo los riesgos medioambientales pierden posiciones, el estudio del Foro Económico Mundial señala que siguen siendo los más graves en el horizonte de diez años. Fenómenos meteorológicos extremos, pérdida de biodiversidad y alteraciones críticas en los sistemas terrestres encabezan las preocupaciones estructurales, reforzando la necesidad de decisiones estratégicas y cooperación internacional para enfrentar un entorno global cada vez más competitivo e incierto.