En respuesta, un equipo de científicos de la Universidad Estatal de Montana ha desarrollado un material de construcción «vivo» que no solo es sostenible, sino que además tiene la capacidad de autorrepararse, abriendo un nuevo camino hacia edificaciones más ecológicas y duraderas. Este innovador material está basado en el micelio, la red de filamentos subterráneos de los hongos, combinado con bacterias que producen carbonato cálcico, un mineral que aporta rigidez a la estructura. A medida que el micelio crece, forma un andamiaje natural que las bacterias mineralizan, transformando el compuesto en un material sólido y resistente. Lo más sorprendente es que este material permanece «vivo» durante semanas, lo que le permite reaccionar y repararse ante daños estructurales, una característica inédita en los materiales de construcción convencionales. También puedes leer: Emiratos Árabes Unidos tiene interés de invertir +USD 200 millones en proyecto de vivienda social en Ecuador Aunque el potencial ecológico de este material es innegable, sus propiedades mecánicas aún no alcanzan la resistencia del hormigón tradicional. La líder del estudio, Chelsea Heveran, señala que los materiales biomineralizados no pueden reemplazar completamente al hormigón en todas sus aplicaciones, pero se están haciendo esfuerzos para mejorar su resistencia y ampliar su uso en la construcción sostenible. Biotecnología en la construcción Este avance se suma a una tendencia mundial que busca integrar biotecnología en la construcción, con desarrollos paralelos como el biohormigón autorreparable, que utiliza bacterias para sellar grietas y prolongar la vida útil de las estructuras. La combinación de micelio y bacterias en este nuevo material abre la puerta a edificaciones que no solo se reparan solas, sino que también capturan las emisiones de carbono, contribuyendo activamente a la mitigación del cambio climático. Además, la investigación en materiales vivos y autorreparables tiene un gran potencial para revolucionar la forma en que concebimos las ciudades y viviendas del futuro, permitiendo estructuras que se adapten, evolucionen y mantengan su integridad sin necesidad de intervenciones constantes. Los científicos esperan que en próximas etapas estos materiales puedan fabricarse a mayor escala y cumplir funciones más complejas, como la detección ambiental mediante sensores biológicos integrados. También puedes leer: La Embajada de Ecuador en Colombia, entre las construcciones más sostenibles de Bogotá En definitiva, este descubrimiento representa un paso significativo hacia una construcción más responsable y sostenible, donde la naturaleza y la tecnología se unen para crear materiales vivos que podrían transformar la industria y ayudar a reducir la huella ambiental global. La promesa de casas y edificios que se reparan a sí mismos ya no es ciencia ficción, sino una realidad en desarrollo que apunta hacia un futuro más verde y resiliente. Fuente: ArchDaily.