El sistema combina dos capas de IA: una reconstruye lo que la persona intenta decir a partir de señales corporales (incluidos movimientos silenciosos), y otra ajusta el mensaje según contexto y estado emocional, para transformar frases cortas en expresiones más completas. En un ensayo inicial con cinco pacientes con disartria (alteración común después de un accidente cerebrovascular), el dispositivo registró 4,2% de error en palabras y 2,9% en oraciones, además de una mejora del 55% en satisfacción de los usuarios. A diferencia de ayudas tradicionales que dependen de escribir letra por letra o seguimiento ocular, Revoice busca una comunicación fluida y sin implantes. El equipo prevé ampliar las pruebas clínicas y evolucionar hacia versiones multilingües y de uso diario. Su meta: más autonomía. Fuente: Infobae, University of Cambridge.