Reinventarse para mantener la llama

Reinventarse para mantener la llama

Cada día hay menos fumadores por todo el mundo. Sin embargo, eso no ha sido un problema para que Zippo, la firma más conocida de encendedores, haya registrado su mejor año de ventas en sus ocho décadas de historia.

En realidad, nunca ha ido me­jor. A pesar del descenso gene­ralizado del número de fumado­res en buena parte de los países de Occidente (más del 50% des­de la época dorada del fenóme­no fumador, en la década de los 50), Zippo ha marcado un récord al registrar el pasado año más de 200 millones de dólares en ven tas, y este año ha contabilizado las mejores ventas de su histo­ria en los meses de mayo y junio. Según estimaciones de Forbes, los ingresos se han incrementado alrededor de un 14% en los últi­mos tres años, gracias en buena medida a las ideas de un nuevo CEO no fumador, Greg Booth, quien apostó por acercar la le­gendaria casa de encendedores de 82 años hacia un público más joven, al tiempo que ampliaba el negocio en China. Los nue­vos productos –desde una línea de ropa a equipo de camping– y sus primeras tiendas minoris­tas añaden leña a ese fuego de las ventas. “Zippo ha mantenido su esencia, su imagen”, asegura Timothy Donahue, un observa­dor de esta industria y editor de la publicación Tobacco Reporter. “Ha sabido diversificarse bastan­te bien”.

Otra generación
Ha sido un largo camino des­de que George Blaisdell creara el primer Zippo tras ver a un ami­go luchar para encender un ciga­ rrillo durante un día ventoso de 1932 en Bradford, Pensilvania, un pequeño pueblo en las monta­ñas de Allegheny en el que aún se encuentra la sede de la firma. A Blaisdell se le ocurrió la idea de una chimenea a prueba de vien­to, además de la característica ta­pa con las bisagras. El momento crucial llegó cuando los soldados que luchaban en los frentes de la Segunda Guerra Mundial recibie­ron un encendor Zippo como par­te de su equipo de campaña. Con ello se asentó la imagen utilita­ria y made in America que acom­pañaría a la marca durante el si­guiente medio siglo de historia.
 

GeorgeBlaisdell falleció en 1978 y dejó la empresa a su familia, que no dejaba decrecer y de ge­nerar conflictos respecto a la di­rección que debía tomar elnego­cio. Por eso, en los 90, una de las hijas de Blaisdell, Sarah Dorn, y elhijo de ésta, Duke, decidieron­comprar la empresa al resto del clan y poner unpoco de orden. Empezaron por poner al frente en 2001, por por primera vez, a unCEO ajeno a la familia: Greg Booth. 

TRAS REJUVENECER SU ‘TARGET’, LA PRODUCCIÓN DE LA COMPAÑÍA HA PODIDO CRECER UN 246% EN UNA DÉCADA
A pesar del cambio de rumbo, las cosas no fueron fáciles duran­te esa década, con pérdidas im­portantes que no quieren preci­sar, pero Booth trabajaba ya en la nueva dirección: la edad media de los clientes de Zippo oscilaba entre los 30 y los 50 años, había­que bajar esa franja. Es necesario pensar en un cliente más joven, advirtió Booth, “o nuestros com­pradores acabarán enterrados con sus Zippos en sus ataúdes, como Frank Sinatra (que tenía su modelo de plata personalizado­desde hacía años)”.

Se plantearon el objetivo de lle­gar a la generación de entre 18 y 24 años, y para lograrlo se volca­ron en iniciativas en las redes so­ciales y el patrocinio de concier­tos. Empezaron a lanzar series de encendedores con imágenes de Jack Daniel o inspirados en se­ries de televisión como Sons of Anarchy. El resultado es que en 2013 Zippo produjo 30.800 dise­ños únicos, frente a los 8.900 de una década atrás, lo que supo­ne un incremento del 246%. Un aumento en el que también ha jugado un importante papel la posibilidad de diseñar tu propio Zippo a través de su página web. Ahora, el problema que afronta Duke es la jubilación de Booth en 2015, aunque todo apunta a que ya tienen en mente a alguien de la propia casa. La llama, en cual­quier caso, seguirá encendida.