A los 59 años, Gonzalo Moya tenía todo lo que un alto ejecutivo podría aspirar: tres décadas en la empresa más importante del sector de alimentos, una familia consolidada y la admiración de sus colegas. Pero dos preinfartos y una pregunta —“¿para qué seguir corriendo?”— le cambiaron el rumbo. Lo que en el mundo corporativo se ve como un final, él lo transformó en un nuevo comienzo. Hoy, Gonzalo Moya es coach y mentor de liderazgo y transición laboral. Pasó del vértigo de las cifras y exportaciones al silencio de las reflexiones. Durante su trayectoria lideró la expansión internacional del negocio de palmito de Pronaca, convirtiendo a Ecuador en líder mundial. Detrás de los logros, el cuerpo le enviaba señales: estrés, agotamiento y un corazón con una malformación congénita. “Decidí que no quería ser el más rico del cementerio”, afirma. Su retiro anticipado no fue fácil. Como muchos líderes, se enfrentó al “síndrome del jubilado”: depresión, pérdida de identidad, desconexión y sensación de inutilidad. Pero encontró en el coaching ontológico una herramienta para resignificar el retiro. “Nos preparan toda la vida para subir a la cima del éxito, pero nadie nos enseña a bajar”, reflexiona. “El 75% de los accidentes en la montaña ocurren al descender.” De esa experiencia nació su programa “De jubilado a jubiloso”, un acompañamiento emocional y estratégico para ejecutivos en transición. Enseña tres pasos esenciales: aceptar, agradecer y soltar. Moya ayuda a quienes temen el retiro a encontrar un propósito. Ha acompañado a cerca de 200 personas en Ecuador y la región. “El secreto de la vida —dice— es morir joven lo más tarde posible.” También te puede interesar: Paraíso consolida una cultura en talento, innovación y bienestar Para los CEO y líderes de hoy, su historia invita a una reflexión: ¿qué pasa cuando termina la carrera corporativa? ¿Qué huella dejamos más allá del cargo? “Nos creemos el personaje del ejecutivo perfecto, pero la plenitud llega cuando volvemos a ser personas”, resume Moya. A seis años de su jubilación, asegura vivir su etapa más productiva. Corre medias maratones, da conferencias y acompaña a otros en su propio descenso de la montaña. “La jubilación no es el final de la vida útil, es la oportunidad de escribir el capítulo más humano del liderazgo”, concluye.