El proceso comienza con cuatro ingredientes principales: agua, malta de cebada, lúpulo y levadura. La malta se muele y se mezcla con agua a temperaturas controladas para extraer los azúcares que posteriormente serán fermentados. Este líquido, conocido como mosto, pasa por cocción, donde se incorpora el lúpulo, que aporta aroma y amargor. También te puede interesar: AJE lanza Hey Fit, su apuesta por las bebidas funcionales Luego llega una de las etapas clave: la fermentación. La levadura transforma los azúcares del mosto en alcohol y dióxido de carbono. Dependiendo del tipo de cerveza, se aplican diferentes condiciones de fermentación y maduración para obtener las características de cada producto. Después, la cerveza pasa por filtración y controles de calidad antes de llegar a las líneas de envasado. Es allí donde la escala de la operación se hace evidente. Las botellas son llenadas, cerradas, etiquetadas y organizadas para su distribución mediante procesos automatizados. Solo de Pilsener de 1 litro, la compañía produce 648.000 botellas al día, equivalentes a 54.000 jabas. El recorrido también permitió conocer los sistemas implementados para optimizar recursos y tratar las aguas residuales generadas durante la producción. Así, detrás de cada cerveza existe una cadena de procesos que combina precisión, tecnología y control para mantener las características de cada producto hasta llegar al consumidor.