De hecho, la economía transitaba a finales de los 90’s hacia una búsqueda de la población por dólares, para mantener el valor de su dinero en el tiempo, además de que cada vez tenía más aceptación el pago de arriendos u otros servicios en esta moneda. El 9 de enero de 2000, tras un periodo de marcada inestabilidad política y económica, se experimentó una crisis sin precedentes en el país, que encontró en la dolarización una política monetaria de fuerte ajuste. A lo largo del tiempo, esta ha traído estabilidad y crecimiento en el país, a tal punto que más del 85% de la población la respalda (encuesta 2015, Cedatos) y es considerada como un pilar en la economía actual. La dolarización ha traído, sin duda, estabilidad monetaria al país, si bien representa perder la posibilidad de emisión monetaria (salvo moneda fraccionaria que ha sido emitida por USD 87.1 millones), esta limitante obliga a la disciplina fiscal y así evitar recurrir al denominado “impuesto inflacionario”, que comprende la pérdida de ingreso real de la población, al tener menos poder de compra frente al aumento de precios, producto de la inflación que genera la emisión de nueva moneda. Es justamente este factor uno de los principales beneficios del sistema vigente; ha permitido que la población no pierda su ingreso real al mantenerse una estabilidad de precios, es así que en el periodo anterior a la dolarización, la inflación anual promedio entre 1980 y 1998 fue de 36,4%, en tanto que de 2001 a 2019 fue apenas de 4,5%, es decir 8 veces menor, según cifras presentadas por el Banco Central del Ecuador. Este escenario de estabilidad facilita la planificación financiera del sector privado y de los hogares, así como del acceso a crédito,de tal forma que la cartera de crédito del sector financiero privado en relación al PIB pasó de 19,5% (2001) a 46% (2021), así como de generar u obtener ingresos en una moneda fuerte que ha facilitado y beneficiado la compra de insumos y productos desde el exterior. La dolarización implica no contar con uno de los principales instrumentos de política monetaria, pero aún se puede gestionar la economía y garantizar la sostenibilidad del sistema monetario mediante la regulación de la cantidad de dólares en circulación utilizando instrumentos como tasas de interés, encaje bancario, bonos de banca central y otros. Esto limita la capacidad de intervención y distorsión en la economía, particularmente en los ingresos familiares, evitando el riesgo de abuso de la emisión por parte de los tomadores de decisiones. En países con problemas de institucionalidad, estabilidad y disciplina fiscal, los beneficios superan a los costos. A pesar de que la dolarización evitó la depreciación constante de la moneda (el sucre pasó de 4.000 a 19.000 sucres por dólar en una semana antes de esta medida), los factores externos fuera del control del país aún influyen en su valor relativo frente a otras monedas, lo que afecta su competitividad. Además, la dolarización redujo los costos de transacción al eliminar las operaciones de compra y venta de moneda extranjera, así como la especulación en la adquisición de dólares. Esta medida de shock revitalizó la confianza en la economía, atrayendo inversiones y fomentando el desarrollo empresarial. Además, destacó los problemas estructurales, como el déficit fiscal y su financiamiento, así como la necesidad de atraer dólares para mantener el nuevo esquema monetario y respaldar el crecimiento económico. Por lo tanto, los objetivos de política deben centrarse en lograr saldos comerciales positivos, gestionar la deuda externa, atraer inversión extranjera directa y fomentar el flujo de dólares a través de remesas y otras transferencias monetarias. Ante el creciente fenómeno de pérdida de confianza en las instituciones, la dolarización ha ganado respaldo y apoyo en el país, por ser una medida fuerte que se mantiene de forma consistente, que al salvaguardar el nivel de ingreso real de la población con bajos niveles de inflación, ha permitido sostener el avance del país en materia de reducción de la pobreza que según la CEPAL pasó de 60% en 1999 a 24% en 2018. Si bien este es un fenómeno multidimensional y de aumento en los ingresos del país (por incremento de producción y de precios internacionales del petróleo y materias primas), este avance social no se ha diluido como en otras economías, que han debido recurrir en exceso a la emisión monetaria para enfrentar los desafíos que se han presentado en este periodo.