Sin embargo, la obsesión de practicarlo puede generar una adicción. Según Joel Prieto, Profesor de la Facultad de Educación de la Universidad Internacional de La Rioja, la adicción a correr se denomina runnorexia. Aunque hasta la fecha es difícil dar respuestas exactas de sus causas, la ansiedad provocada por la necesidad de competir, la búsqueda de reconocimiento social o la preocupación acerca de los errores o metas, podrían ser las principales causas de este problema. ¿A quiénes afecta? En mayor medida a hombres de entre 35 a 45 años con un exceso de práctica adictiva hacia el ejercicio físico, ya sea para superar una ruptura, para buscar nuevas sensaciones y/o novedades en la vida, por sentirse seguros de sí mismos potenciando su autoestima, por establecer una interacción social, por reconocimiento, entre otros. Los problemas que genera La runnorexia puede afectar del mismo modo que cualquier práctica obsesiva.A nivel físico, puede generar espasmos musculares, lesiones deportivas o tensión muscular, y, en el aspecto mental, irritabilidad o ansiedad, entre otros. Siendo muchos de estos síntomas los que caracterizan los sufridos durante cualquier periodo de privación. Un estilo de vida activo, pero sin caer en la adicción Joel Prieto explica que es importante que los corredores aprendan a detectar estos síntomas para que reconozcan que su práctica deportiva ha podido dejar de ser una práctica de disfrute o de una pasión motivante, convirtiéndose así en una práctica de carrera esclavizada y obsesiva que le produce angustia y desasosiego. Tratamiento El experto explia que es importante evitar los pensamientos negativos acerca del estado físico o marcas deportivas, ya que esos pensamientos podrían convertirse en obsesiones, siendo interesante conseguir un interés por otras actividades menos nocivas para el cuerpo. Otros consejos más prácticos consistirían en no compensar respecto a días perdidos o de descanso haciendo km extra o vigilar los síntomas señalados anteriormente. Por otro lado, los profesionales que atenderían este trastorno, que no existe en las clasificaciones diagnósticas oficiales, serían los terapeutas, en concreto, especialistas en adiccionología, una especialidad médica y subespecialidad de la psiquiatría.