Hay dos tipos de carbono dependiendo de cómo y dónde se atrape de la atmósfera. El carbono verde es aquel que es retenido por los bosques. El carbono azul es el que es capturado por las especies vegetales marinas que se encuentran en los ecosistemas costeros: manglares, paraderas marinas y marismas. Este resulta imprescindible para combatir las consecuencias del cambio climático. Estos ecosistemas acuáticos recogen el CO2 del agua, que proviene de la atmósfera, y almacenan parte de él en los sedimentos oceánicos. Ahí puede permanecer durante mucho tiempo, por lo que supone un sistema de secuestro de carbono de gran eficiencia. Esto se debe a que las condiciones de bajo oxígeno en el suelo de estos ecosistemas facilitan que se retenga el carbono durante siglos. “Pozos de carbono azul” contra el cambio climático Los manglares, marismas y praderas marinas, pero también los océanos, son conocidos como “pozos de carbono”. De hecho, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), estos pozos son capaces de secuestrar CO2 con mayor rapidez que los bosques, incluso aunque son de menor tamaño. Por ejemplo, un manglar puede llegar a almacenar diez veces más que un bosque. Cuando estos pozos de carbono azul o sumideros naturales de carbono se alteran o dañan, gran parte del CO2 que tienen almacenado sale a la atmósfera y se suman al resto de emisiones. Por lo tanto, proteger y restaurar los hábitats costeros es una buena manera de mitigar el cambio climático, porque pueden llevar a cabo su función de absorción y almacenaje de carbono azul.También te puede interesar: Los países con más emisiones de carbono en 2023 Situación actual del carbono azul En la actualidad, estos pozos de carbono azul presentan, según los expertos, la siguiente panorámica: Los manglares: Se están perdiendo a una tasa del 2% por año. Se estima que las emisiones de carbono debidas a la deforestación de los manglares representan hasta el 10% de las emisiones de la deforestación a nivel mundial. Y esto a pesar de cubrir solo el 0,7% de la cobertura de la tierra. Las marismas: Se están reduciendo a una tasa de 1-2% por año. Cubren aproximadamente 140 millones de hectáreas de la superficie de la Tierra y han perdido más del 50% de su cobertura global histórica. Las praderas marinas: Cubren menos del 0.2% del fondo del océano, pero almacenan aproximadamente el 10% del carbono enterrado en los océanos cada año. Se están perdiendo a una tasa del 1.5% por año y han descendido aproximadamente al 30% de su cobertura mundial histórica. Pozos en riesgo Los expertos, sin embargo, advierten que las prisiones de carbono azul están en peligro. Conservación Internacional afirma que desde 1940 se han perdido la mitad de los manglares del mundo; y la mitad de los pastos marinos desde 1990. La Iniciativa de Carbono Azul, que cuenta con el apoyo de la Unesco, estima que cada año se liberan más de mil millones de toneladas de CO2 que estaba almacenado en ecosistemas costeros. Esta destrucción muchas veces es causada por la construcción de represas y estanques para el cultivo de peces y camarones, así como la contaminación. Los ecosistemas costeros también sirven de barrera de protección contra los vientos y el oleaje, así que su desaparición también trae efectos negativos para quienes viven en esas zonas.También puedes leer: Turismo azul como alternativa sostenible en los destinos costeros ¿Qué se puede hacer? La tarea de recuperar la función de los depósitos de carbono azul no es nada fácil. "Incluso después de que se haya restaurado un manglar, un pantano o un pasto marino, se necesitan siglos para recuperar el carbono que se liberó en la atmósfera cuando se destruyó el ecosistema", dice Pidgeon. La clave, según los expertos, es proteger y restaurar las zonas costeras, así como avanzar en las investigaciones sobre estas áreas. También mencionan que puede ser útil incluir los humedales costeros en el mercado de carbono, mediante la compra y venta de bonos de carbono y compensar con dinero a quienes desarrollen proyectos de restauración de estos ecosistemas. Fuente: BBC Y Fundación AQUAE