Personas que son familia y amigos, pero también colaboradores, proveedores y clientes. Personas a quienes nos gustaría poder transmitir tranquilidad, confianza y apoyo, sin embargo, no es fácil que las palabras cumplan su objetivo. Nuestra reacción como organizaciones, la respuesta que ante esta situación seamos capaces de dar a nuestros diferentes públicos, van a marcar un antes y un después. Enfrentamos un momento en que la responsabilidad debe ser protagonista de cualquier acción, ya sea hacia el interior de nuestras organizaciones, o hacia el exterior, hacia a una sociedad que necesita más que nunca el soporte de todos. Un momento en el que la necesidad de contar con fuentes fiables e información contrastada, que permitan generar un clima de confianza y una toma de decisiones coherente, es absolutamente clave. La comunicación, en su concepto más global, es clave. La empatía, la proactividad y, por supuesto, la transparencia, van a ser elementos esenciales a la hora de gestionar esta crisis. Debemos de ser nosotros quienes tengamos el control de nuestro discurso, de ahí la proactividad y la rapidez. Ser reactivos deja nuestra reputación a merced de otras voces y el silencio, rara vez es rentable, al igual que la falta de transparencia. Debemos ser capaces de ponernos en la piel de aquellos a los que queremos llegar con nuestras palabras. El reconocido psiquiatra Luis Rojas Marcos afirmaba en una entrevista que “Hablar nos permite conectar, y al conectar nos ayudamos, compartimos y nos apoyamos”, no encuentro mejor forma de explicar que las palabras no sobran, las palabras importan. Comunicar importa. Pero debemos comunicar escuchando, entendiendo e, indudablemente, con responsabilidad. Escrito por: Carmen Sánchez - Laulhé Directora Regional de Atrevia.