Frente a crisis de seguridad, desafíos burocráticos y limitaciones estructurales, este sector muestra capacidad de reinvención, avances en equidad de género y ambición exportadora. Incluyendo a las microempresas, las pymes son el verdadero motor de la economía ecuatoriana. Según datos del INEC y la Cámara de la Pequeña Industria del Guayas (Capig), existen 1.228.415 empresas en el país, de las cuales 93,67% son microempresas, 4,65% pequeñas y 1,26% medianas, lo que representa en conjunto el 99,6% del tejido empresarial. Estas compañías aportan el 56,8% del empleo formal, generando 1.631.714 plazas de trabajo, por encima del 43,2% que representa el sector empresarial grande. Para Patricia Moreira, Presidenta de la Capig, “las pymes no son solo fuentes de empleo, son parte de la estabilidad económica y social de nuestro país”. Solo el 1,1 % de las empresas logra escalar de categoría, un dato que evidencia uno de los principales cuellos de botella. Para afrontarlo, Capig implementó dos modelos de diagnósticos que facilitan la toma de decisiones: el empresarial, cinco ejes estratégicos (planificación, operaciones, finanzas, talento y tecnología) y el de eficiencia productiva para maximizar rentabilidad disponible para todos sus socios. Aunque se levantaron indicadores con una muestra de 300 empresas, el diagnóstico está abierto a todas las afiliadas. Los resultados muestran un crecimiento promedio del 4,19 %, desmintiendo que las pymes estén destinadas a la informalidad o desaparición. También te puede interesar: La ecuatoriana que abre camino a los inversionistas latinos en el mercado inmobiliario de Dubái En materia de equidad de género, las mipymes también muestran un mejor desempeño que las grandes empresas. Mientras las grandes emplean solo un 36,6% de mujeres, las medianas llegan al 39,9%, las pequeñas al 44,1% y las microempresas al 44,5%. “Las pequeñas empresas son más inclusivas. Donde se genera empleo formal, también se genera mayor equidad”, sostiene Moreira. Aunque aún no hay cifras consolidadas sobre mujeres gerentes o fundadoras, Capig prevé levantar esa información para afinar políticas de fomento. La inseguridad ha sido otro reto importante. Si bien no se dispone de una cifra exacta, desde la Capig confirman que todos los negocios, sin excepción, han sido afectados, ya sea por amenazas, extorsión o robos. Algunos empresarios incluso operan desde el exterior. “No se han rendido. Han invertido en seguridad, reorganizado procesos, y siguen generando empleo”, destaca Moreira. La Cámara trabaja en articulación con la UNASE y brinda asistencia preventiva a sus asociados. Las pymes enfrentan retos estructurales como la burocracia, que frena su formalización. Según la Capig, algunos emprendedores esperan hasta dos años para un permiso de operación. Por ello tienen como gremio el compromiso de construir un ecosistema donde las pymes no solo crezcan, sino transformen realidades: con reglas claras, alternativas de financiamiento ágil y oportunidades que impacten a la sociedad.