En el caso de América Latina, algunos países han recalibrado sus metas de cero emisiones de manera agresiva y se han unido también a la iniciativa 30x30 de High Ambition Coalition, que trabaja para proteger al menos 30% de las áreas terrestres y marinas del mundo para 2030. Estos compromisos han desbloqueado fuentes de valor en algunos mercados, y oportunidades de integrar la sostenibilidad en las agendas estratégicas de sectores clave para la transición. América Latina cuenta con ricas dotaciones y recursos naturales, fundamentales para la transición energética global A fines de 2022, alrededor de 80 por ciento de los países de América Latina habían actualizado sus contribuciones determinadas a nivel nacional (nationally determined contributiones, o NDC, por sus siglas en inglés) y sus compromisos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) bajo el Acuerdo Climático de París. La diversidad de recursos de América Latina puede convertirlos en una potencia de sustentabilidad, por las oportunidades de mercado impulsadas por la inversión extranjera y exportaciones: Recursos minerales, energía renovable y biocombustibles líquidos: América Latina es una fuente importante de litio y otros recursos clave necesarios para la transición energética. Su capacidad de generar múltiples formas de energía renovable puede superar la futura demanda regional, presentando oportunidades de exportación de energía y productos relacionados. Finalmente, la expansión de la producción de biocombustibles líquidos en Argentina, Brasil, Colombia y Guatemala podría apoyar la descarbonización de los sistemas de transporte regionales y globales, generando en conjunto un mercado potencial de USD 250 mil millones anuales. Bosques: La capacidad de América Latina para compensar las emisiones de carbono a través de la reforestación y la forestación (afforestation), puede llegar a representar un mercado potencial de USD 150 mil millones. Los créditos de carbono voluntarios pueden incentivar las inversiones en la protección y restauración de ecosistemas, incluido el uso de técnicas agrícolas y forestales climáticamente inteligentes para fortalecer la captura y el almacenamiento de carbono. Se prevé que el mercado voluntario de créditos de carbono de Brasil alcance USD 15 mil millones en 2030 y USD 35 mil millones en 2040. Agricultura, ganadería y pesca. El gran sector primario de América Latina ofrece amplias oportunidades para invertir en agricultura, ganadería y pesca sustentable, pudiendo alcanzar un mercado de hasta USD 200 mil millones. La transformación de los clústeres de pesca costera y acuicultura en países como Chile, Ecuador y México puede crear una fuerte propuesta de valor de “economía azul” que presenta importantes oportunidades de negocios en sectores dependientes de la biodiversidad como el turismo y la investigación biomédica. Como contraparte, la transición a una economía más sustentable presenta oportunidades para que las instituciones financieras impulsen el bienestar general de la sociedad. Investigaciones del McKinsey Global Institute (MGI) señala varias áreas en las que sería necesario aumentar las inversiones para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), por ejemplo, construir infraestructura y activos de bajas emisiones, descarbonizar las industrias intensivas en emisiones, así como implementar medidas de mitigación y adaptación al cambio climático, y proteger el capital natural y la biodiversidad. La seguridad energética y la descarbonización pueden ser objetivos complementarios, ya que invertir en soluciones autosuficientes bajas en carbono puede acelerar la transición energética regional. También te puede interesar: ¿Cómo avanza la sostenibilidad en los sectores económicos de Ecuador? Según nuestras investigaciones, lograr el net zero para 2050 impulsará el gasto total de América Latina en activos físicos relacionados con la transición a 9.4% del PIB regional, o alrededor de USD 20 billones, con un gasto anual en activos físicos que aumentará en alrededor de USD 700 mil millones sobre la línea de base. La inversión pública en conservación y resiliencia es clave para mitigar la vulnerabilidad de América Latina al cambio climático. La exposición de América Latina al riesgo climático se está intensificando rápidamente. La región alberga 13 de los 50 países más susceptibles a los choques relacionados con el clima, y las crisis climáticas podrían empujar de 2,4 millones a 5,8 millones de personas a la pobreza extrema en América Latina y el Caribe para 2030. Un análisis del McKinsey Global Institute sobre el perfil de riesgo de América Latina bajo un escenario de altas emisiones (RCP 8.5) encontró que la región está más expuesta a las olas de calor, humedad, sequías y degradación de los ecosistemas. Además de los riesgos físicos y de transición del cambio climático, muchos de los sectores económicos clave de la región están bajo la amenaza directa de otras formas de daño ambiental. Por ejemplo, la pérdida de biodiversidad plantea un peligro inmediato para la agricultura, la silvicultura y la pesca. Estos sectores son fundamentales para los resultados económicos, la seguridad alimentaria y los medios de vida, por lo que protegerlos probablemente sea una prioridad principal para los actores políticos, las agencias de ayuda internacional y las instituciones multilaterales de desarrollo de América Latina. A medida que la inversión pública contribuye a ampliar la gama de oportunidades para la inversión privada complementaria, las instituciones pueden ayudar a satisfacer la demanda mediante el desarrollo de su capacidad para identificar, medir y gestionar los impactos de los riesgos relacionados con el clima. La búsqueda de objetivos sostenibles se han incorporado en las agendas de las instituciones financieras Siguiendo el ejemplo de sus pares en Asia, Europa y América del Norte, las instituciones financieras latinoamericanas han comenzado a lanzar programas de sostenibilidad y establecer o fortalecer compromisos ambientales. Muchos de estos compromisos se centran en la reducción de emisiones, incluidas las generadas por la propia institución y las resultantes de sus actividades crediticias o carteras de inversión. Alrededor de 50% de los activos bancarios de América Latina pertenecen a instituciones que se han unido a la Net-Zero Banking Alliance (NZBA). Estas instituciones han declarado un compromiso de cero emisiones netas para 2050 y han establecido objetivos de descarbonización considerables para 2030, con recortes de emisiones que normalmente oscilan entre 20 y 40% en la mayoría de los sectores de la cartera. Los firmantes de alianza bancaria Net Zero poseen las mayores participaciones en activos en México y Chile, la mayoría son instituciones financieras con sede en Brasil, Colombia y Ecuador Los flujos de financiamiento sustentable están aumentando, con un número creciente de instituciones regionales que publican compromisos externos para movilizar miles de millones de dólares en financiamiento sustentable. Mientras tanto, el número de productos y transacciones sustentables aumenta constantemente. De acuerdo con la Iniciativa de Bonos Climáticos, la emisión de bonos verdes se duplicó en menos de dos años, pasando de USD 13.600 millones en septiembre de 2019 a USD 30.200 millones en junio de 2021. La experiencia internacional muestra que la integración de la sostenibilidad en los procesos comerciales y funcionales se asocia con la obtención de las mayores recompensas en términos de crecimiento comercial, mitigación del riesgo climático y posicionamiento estratégico. Debido a que la sostenibilidad afecta a muchos equipos funcionales y comerciales diferentes, y debido a que la implementación de un cambio sistémico requiere una atención gerencial sostenida, los esfuerzos para incorporar las preocupaciones de sostenibilidad en las operaciones de rutina podrían seguir un enfoque holístico basado en cinco pilares clave Oportunidades de crecimiento en finanzas ambientales Lograr escalar a los países de América Latina hacia sus aspiraciones de cero emisiones puede parecer cada vez más desafiante. Las instituciones financieras en América Latina han comenzado a integrar a sus agendas estratégicas objetivos de sostenibilidad, que permitirá a los países apalancar sus recursos naturales con fuentes de financiamiento verdes Las instituciones financieras latinoamericanas podrían desempeñar un papel crucial en la movilización de las inversiones necesarias para la transición energética, la mitigación y adaptación al cambio climático y la preservación más amplia de la calidad ambiental Por: Carlos Buitrago, Socio de McKinsey & Company y Office Manager de McKinsey en Ecuador