Una iniciativa que —en apenas un año y medio— ha transformado la vida de miles de mujeres ecuatorianas víctimas de violencia, convirtiéndose en una red de más de 400.000 mujeres en todo el país. Valbonesi, quien recordó que hace exactamente un año presentó el proyecto en el mismo escenario cuando aún era “un sueño en una carpeta”, destacó cómo la fundación ha crecido gracias al apoyo de la empresa privada y a la convicción de que la educación, la prevención y la empleabilidad son pilares fundamentales para el empoderamiento femenino. “Hace un año y medio éramos una idea. Hoy somos un movimiento que ha logrado generar más de 7.000 empleos dignos y 5.000 emprendimientos liderados por mujeres”, expresó. El Proyecto ANA ha logrado romper estereotipos al formar y emplear mujeres en áreas tradicionalmente masculinas, como la mecánica automotriz, la soldadura y la construcción. “Hemos demostrado que cuando una mujer cree en sí misma, es capaz de todo”, señaló la primera dama, al mencionar con orgullo que el primer auto ensamblado en Ecuador por mujeres fue fabricado por beneficiarias del programa. Entre sus nuevos hitos, Valbonesi anunció la apertura de un centro integral en Quito, donde se ofrecen capacitaciones presenciales, asesoría jurídica y psicológica, y atención médica gratuita de lunes a sábado. También adelantó la creación de un centro de acogida privado que abrirá a finales de año, además de una plataforma virtual con más de medio millón de mujeres inscritas, que facilita el acceso a formación desde cualquier parte del país e incluso desde el exterior. La primera dama presentó además una nueva línea de productos de cuidado personal —shampoo, acondicionadores, cremas y pañitos húmedos— cuya rentabilidad se destinará íntegramente al financiamiento del proyecto. “Queremos trascender en el tiempo. No solo depender del apoyo empresarial, sino generar sostenibilidad propia para seguir atendiendo emergencias, construir viviendas y ofrecer ayuda médica en todo el país”, explicó. Valbonesi compartió con emoción la historia de una mujer migrante en Italia que, tras haber sido víctima de violencia, encontró en la plataforma ANA una oportunidad para reconstruir su vida y ayudar a otras. “Historias como la suya me inspiran a seguir. ANA no es solo una fundación; es una hermandad de mujeres que creen en su capacidad y en su futuro”. En un cierre cargado de esperanza, la primera dama invitó a las asistentes a creer en sí mismas y no permitir que nadie les diga que no pueden. “Quiero un Ecuador distinto, un Ecuador lleno de oportunidades, donde podamos decir que siete de cada diez mujeres están en puestos de éxito, y no que siete de cada diez sufren violencia”, concluyó ante un auditorio conmovido y de pie.