La biodiversidad, se ha convertido en una prioridad estratégica más allá de una preocupación ambiental. Hoy en día, no basta con reconocer su importancia: se trata de un tema urgente que exige acciones concretas, sobre todo en el ámbito financiero. En Ecuador, el desafío de vincular los esfuerzos de conservación con el financiamiento sostenible se presenta como una oportunidad para las empresas de todos los tamaños. Tener acceso a recursos financieros que estén directamente ligados a modelos de negocio que valoren y protejan la biodiversidad no solo permite avanzar hacia una economía más responsable, sino que también posiciona a las organizaciones en el mapa global de la sostenibilidad. En este sentido, Pablo del Arco, Director América en Valora Consultores, enfatizó que uno de los primeros pasos para alcanzar esta meta es didáctico, dijo: “Aún falta conocimiento dentro del mundo empresarial sobre lo que realmente implica la biodiversidad. Aunque en el sector de la conservación existe un entendimiento profundo sobre la importancia de los ecosistemas y sus especies, en el entorno corporativo persiste una visión limitada, centrada en animales emblemáticos o paisajes naturales, sin una conexión clara con los procesos productivos”. Por ello, explicó Del Arco, es fundamental que las empresas comprendan cuál es su vínculo real con los servicios ecosistémicos: cómo dependen de ellos, cómo los impactan y, a partir de allí, cómo pueden identificar riesgos y oportunidades, entre las que se encuentra, justamente, el acceso a nuevas fuentes de financiamiento. Complementando esta visión, George Lalama, Vicepresidente Ejecutivo del Banco Internacional, señaló que en Ecuador el ejercicio de valoración de la biodiversidad aún se encuentra en una etapa inicial. Las empresas recién comienzan a preguntarse cómo sus operaciones afectan al entorno, y si bien se han desarrollado mecanismos para medir impactos negativos, como emisiones de CO2 o contaminación del agua, por ejemplo, todavía no se avanza con igual fuerza en la identificación y medición de impactos positivos. Desde la banca, sin embargo, ya existe una creciente conciencia sobre los riesgos ambientales, lo que ha impulsado el desarrollo de criterios de evaluación social y ambiental a la hora de aprobar financiamientos. El reto ahora es evolucionar y no solo evitar daños, sino activar recursos que fomenten la regeneración y conservación de ecosistemas. Esta transición también implica entender que la biodiversidad no se limita a la flora y fauna silvestre. Como bien lo planteó Juan Pablo Grijalva, Presidente Ejecutivo de El Ordeño, las personas también forman parte de esa diversidad. La agricultura familiar campesina, responsable de producir más del 60% de los alimentos en el país, es un componente clave de los ecosistemas productivos, pero a menudo queda fuera de las estrategias de financiamiento y desarrollo. Grijalva denunció la falta de oportunidades y de integración en estas comunidades, a pesar de su papel fundamental en la seguridad alimentaria del Ecuador y compartió con todos, que este fue el hecho que hizo que la empresa haya impulsado proyectos como el de Sierra-Andes, en alianza con la red Santa Cruz de inversionistas de impacto de Chile y la metodología de diálogo hexagonal; proyecto que ha permitido avanzar hacia modelos de desarrollo más integradores. Una de sus iniciativas más innovadoras es la creación de un token social vinculado a la lucha contra la desnutrición crónica infantil, con miras a incorporar en él componentes de carbono y biodiversidad certificados. La premisa es clara: lo que no se mide, no se puede mejorar. Cuantificar y valorar la biodiversidad dentro de los modelos de negocio no es solo una tendencia, sino un paso necesario para abrir nuevas puertas al financiamiento responsable. En este camino, el sector empresarial ecuatoriano tiene la oportunidad de liderar con propuestas concretas que unan la conservación de la naturaleza con el desarrollo económico y social, demostrando que la próxima milla para las empresas no solo se camina con capital financiero, sino con capital natural y humano.