Hace cuatro décadas, Deng Xiaoping declaró que, en su carrera hacia el crecimiento, China iba a “dejar que algunas personas se enriquezcan primero”. Ahora, Xi Jinping les ha advertido a los magnates de China que llegó el momento de compartir más riqueza con el resto del país. Según Xi, el Partido Comunista buscará una “prosperidad compartida”, para lo cual presionará a negocios y empresarios con el fin de que ayuden a reducir la inflexible brecha de riqueza que podría ser un lastre para el ascenso del país y mermaría la confianza pública en sus líderes. Los partidarios dicen que la próxima fase del crecimiento de China exige ese cambio. “Una China poderosa también debería ser justa y equitativa”, mencionó en un correo electrónico Yao Yang, profesor de Economía en la Universidad de Pekín que apoya el cambio en las prioridades gubernamentales. “China es uno de los peores países en términos de redistribución, a pesar de ser un país socialista. El gasto público se concentra demasiado en las ciudades, las escuelas de la élite, etcétera”. ➤ Ver también: La caída de un magnate: El dueño de Evergrande pasó de millonario en China a ‘rey de la deuda’ Las autoridades están prometiendo que la educación, las viviendas y la atención médica serán menos costosas y que habrá una disponibilidad más uniforme de servicios fuera de las grandes ciudades. También prometen un aumento en los ingresos de los trabajadores, con lo cual ayudarán a garantizar que más personas asciendan a la clase media. La campaña de “prosperidad compartida” ha convergido con una serie de medidas estrictas en contra de los gigantes tecnológicos del país para contener su dominio. Frente al escrutinio, algunos de los multimillonarios más ricos de China, entre ellos Jack Ma, prometieron que donarán miles de millones de dólares a organizaciones de beneficencia. Los compromisos respaldan la perspectiva, que obtuvo el apoyo de Xi en una reunión celebrada el mes pasado, de que China cuenta con la prosperidad suficiente como para acercarse al antiguo ideal del Partido Comunista de la repartición de la riqueza. Para Xi, está en juego la autoridad a largo plazo del Partido Comunista. Ahora que el crecimiento económico se está moderando, muchos jóvenes chinos sienten que está disminuyendo la movilidad ascendente. Los empleos profesionales bien pagados pueden ser difíciles de encontrar. Los trabajadores del sector tecnológico se quejan de las largas y agotadoras jornadas laborales. Las familias sienten que no pueden darse el lujo de tener más hijos, lo cual se suma a una crisis demográfica amenazadora. Por ahora, Xi enfrenta poca oposición pero, a largo plazo, eso podría cambiar si se acumula ese tipo de agravios. “Lograr la prosperidad compartida no solo es un asunto económico; es un importante tema político que se relaciona con la fundación del partido para gobernar”, les comentó Xi a las autoridades en enero. “No podemos permitir que parezca un abismo infranqueable entre los ricos y los pobres”. El partido está ansioso por demostrar que está escuchando las quejas mientras Xi se prepara para un probable tercer periodo como secretario general del partido a inicios del próximo año. Xi quiere mantener a raya las dudas sobre su derecho a otro periodo con el argumento de que el partido puede generar progreso social, mientras que rivales como Estados Unidos están estancados en la desigualdad, comentó Christopher Johnson, exanalista de política china para el gobierno estadounidense. “Aunque no haya una oposición que lo vaya a detener, Xi debe entregar resultados”, mencionó Johnson, actual presidente de la consultoría China Strategies Group. “Xi considera que hacer algo por la desigualdad de ingresos y la brecha de la riqueza en China es vital en su lucha por los discursos globales contra Estados Unidos y Occidente en general”. Para los líderes chinos, el nuevo énfasis también aborda necesidades económicas. El uno por ciento más rico del país ahora posee casi el 31% de la riqueza de la nación, de acuerdo con el Instituto de Investigación de Credit Suisse, en comparación con el 21% en 2000 (el uno por ciento más rico de Estados Unidos posee alrededor del 35%, según el estudio). Según el Partido Comunista, repartir la riqueza de un modo más uniforme hará que más chinos tengan el poder adquisitivo que permite impulsar la economía y reducir la dependencia del país en cuanto al capital y el conocimiento de Occidente, con lo que se crearán las bases de una nueva etapa de crecimiento. A pesar de que el partido tiene un poder enorme, algunos de los cambios que se están discutiendo pueden tocar fibras sensibles. Una verdadera prueba del compromiso de Xi para reducir la desigualdad económica sería que el gobierno estuviera dispuesto a proponer impuestos a la propiedad y a las herencias de los ricos. Medidas de ese tipo serían desafiantes porque muchos miembros de las élites tienen vínculos con el poder, además podría generar insatisfacción entre los chinos que compraron una casa como su principal vehículo de inversión. El alcance del impulso que Xi le está dando a una sociedad más igualitaria está en discusión. Muchos funcionarios han pedido cambios graduales y buscan tranquilizar a los empresarios asegurando que sus fortunas, legítimamente adquiridas, están a salvo. Sin embargo, los comentarios que piden la reorganización de la riqueza se han compartido ampliamente durante las últimas semanas en los medios de comunicación manejados por el Partido Comunista, lo que sugiere cierto apoyo para las medidas de mayor alcance. Xi también ha intentado no exaltar las expectativas de una transformación inmediata. Después de declarar el año pasado que China había erradicado la pobreza rural extrema, el mandatario ha señalado que el país debe tener un “progreso sustancial” a fin de lograr la “prosperidad compartida” en 2035. Las empresas y los empresarios chinos se han apresurado a demostrar que están alineados con la meta del gobierno. Ma, cofundador de Alibaba y una de las personas más ricas de China, dijo en su primera aparición pública en enero, después de meses de escrutinio de sus negocios, que era “responsabilidad y deber” de los empresarios luchar por la “prosperidad compartida”. Fuente: NY Times