Autor: Nicolás Apellaniz, Consultor especialista en Procesos y Project Management de Readiness Global Este apremio que tenemos los seres humanos de catalogar aquello que nos rodea, ya sea que utilicemos el concepto VUCA o BANI, se complementa con la necesidad de diseñar mejores procesos como un mecanismo que nos ayude a parar, reflexionar y sentar bases en busca de crear mayor certidumbre para enfrentar contextos de inestabilidad y cambio constante. ➤ Ver también: Teletrabajo en América Latina: 23 millones de personas trabajaron desde casa durante la pandemia De algún modo, un proceso bien establecido es capaz de predecir. Nos “dice” quién va a realizar cada actividad, las herramientas que utilizará para hacerlo, las instrucciones específicas para su aplicación y el resultado esperado. Este modo de gestión permite establecer flujos claros y posibilidades de gestión, brindando a las empresas la posibilidad de crecer de forma productiva y de estar mejor preparadas para enfrentar la gran inestabilidad del mercado sin dejar de atender a sus clientes. Más allá de la técnica o herramienta que se utilice, un error común en la gestión por procesos es enfocarse en pensar en cómo hacer que las cosas sucedan, cuando lo prioritario es trabajar sobre el “por qué” y “para qué” se hacen, buscando de esta manera asegurar la mayor eficiencia y eficacia. Pero cuidado con los extremos. En una operación basada totalmente en procesos, el objetivo primordial es que el éxito surja como respuesta al minucioso cumplimiento de los mismos, lo cual, cumplido al pie de la letra, podría convertirse en una camisa de fuerza que ponga en riesgo la posibilidad de generar caminos creativos e imaginar mejores soluciones para el cliente interno o externo. Para concluir, comparto una característica de nuestra metodología basada en el aspecto sistémico de la empresa. Si bien los procesos son de gran ayuda para marcar un camino predecible y controlable, es imprescindible también compatibilizar esa predictibilidad con dinámicas ágiles y apalancamiento en las competencias humanas. En un contexto global tan volátil, la capacidad de adaptarse rápidamente al cambio es un factor de sustentabilidad aún más crítico que la predictibilidad que otorgan los procesos. La verdad, como siempre, suele encontrarse en el equilibrio.