Ahora, es esencial exigir a nuestros líderes que cumplan esta promesa, asegurando que los países de ingresos bajos y medios, en particular, reciban los recursos necesarios para abordar la contaminación del aire e implementar las políticas urgentes que se requieren. También te puede interesar: Oriente Medio dirá adiós a los combustibles fósiles para 2040 La contaminación del aire es una crisis de salud pública que cobra más de ocho millones de vidas prematuramente cada año, más del doble de las que mueren a causa de la malaria, tuberculosis y VIH/SIDA combinados. Los niños, cuyos pulmones en desarrollo son especialmente vulnerables, son los más afectados: cada día, la contaminación del aire causa la muerte de 2.000 niños menores de cinco años, más de uno por minuto. Además del impacto mortal, la contaminación del aire aumenta el riesgo de enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2, obesidad, Alzheimer y cáncer, según la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer. El costo económico es igualmente alarmante. Se pierden 1.200 millones de días laborales al año debido a sus efectos, y el Banco Mundial estima que las enfermedades y muertes prematuras relacionadas con la contaminación atmosférica generan un costo global de billones de dólares anualmente. Limpiar el aire es también una solución inmediata para proteger el planeta. Dado que las causas del cambio climático y la contaminación atmosférica están estrechamente vinculadas, mejorar la calidad del aire contribuirá a mitigar la crisis climática. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) destaca que actuar sobre la calidad del aire es clave para abordar la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y la contaminación. También puedes leer: Los 5 jóvenes científicos Sub-16 que están cambiando el mundo A pesar de estos beneficios claros, solo 17 países incluyeron objetivos de reducción de la contaminación atmosférica en sus planes climáticos en 2021. Los gobiernos deben priorizar el aire limpio como una política integral que, además de mejorar la salud pública, fomente el desarrollo económico sostenible, reduzca la pobreza y disminuya las desigualdades. Esto es clave para asegurar un futuro más saludable y sostenible para todos. Fuente: World Economic Forum