Por qué las políticas de movilidad urbana deben tener en cuenta a las mujeres
Como todos hemos notado alguna vez, la localización de diferentes servicios en nuestra ciudad es de suma importancia para llevar a cabo nuestras actividades diarias, que están limitadas en el espacio y el tiempo.
El transporte está, además, determinado por la topografía de la región y la topología de la red de transporte disponible.
Aunado a lo anterior, la accesibilidad no solo está determinada por la dimensión espacial y temporal. También está definida por los factores individuales, como género, edad, situación familiar, etnia, raza, religión, capacidad mental/física y clase económica, de los ciudadanos que viven y se desplazan en esa región.
El transporte es el medio necesario para acceder a los servicios, realizar diferentes actividades, disfrutar de la ciudad y, en términos generales, ejercer nuestros derechos como ciudadanos. El transporte, por tanto, es la herramienta que hace posible la accesibilidad y, como describe Jean-Paul Rodrigue, su demanda es una demanda derivada de una necesidad, dejando aparte los viajes turísticos (que son marginales).
Diferencias de género en la movilidad
El transporte y la planificación urbana tradicionalmente no han tenido en cuenta las diferencias de género: las ciudades se han diseñado de acuerdo con una visión tradicional de las personas que van de casa al trabajo y viceversa. Sin embargo, el género juega un papel importante en la movilidad y en la forma en que vivimos la ciudad.
Diferentes estudios en todo el mundo muestran que los hombres tienen distancias de viaje más largas y patrones de viaje más directos que las mujeres.
Las mujeres realizan muchas actividades diferentes, y muchos de los viajes están relacionados con la movilidad del cuidado: a menudo dejan a los niños en las escuelas o guarderías, van de compras, acompañan a los familiares a los servicios médicos y se ocupan de las necesidades del hogar.
Por todas estas razones, las mujeres tienen patrones de transporte más complicados, caracterizados por viajes más cortos y encadenados, con tiempos de viaje más largos, como observan múltiples estudios en diferentes partes del mundo. Además, dependen más del transporte público, mientras que los hombres utilizan más el transporte privado.
Como muestra Eurostat, las diferencias por género con respecto a la participación en el hogar y el cuidado familiar son notablemente relevantes, por lo que los patrones diarios difieren.
El Instituto Europeo de Igualdad de Género (EIGE) también destaca que la cantidad desproporcionada de tiempo que las mujeres dedican al cuidado y al trabajo no remunerado repercute directamente en las oportunidades de empleo y otras actividades. Todos estos factores contribuyen a dar forma a patrones de movilidad diferenciales por género.
Por: The Conversation