Según los especialistas, esto incrementa la presión sobre el gobierno de Pekín para que reactive la demanda en la que es la segunda economía más grande del mundo. Esta noticia se suma a los recientes datos de importaciones y exportaciones, que generaron dudas sobre el ritmo en el que se está recuperando China después de la pandemia. El país también se enfrenta a la creciente deuda del gobierno y a problemas en el mercado inmobiliario. Además, el desempleo juvenil alcanzó máximos históricos, dato que preocupa, ya que se proyecta que este año se incorporen al mercado laboral chino 11,58 millones de graduados universitarios (una cifra récord). La caída de los precios dificulta a China reducir su deuda y enfrentar todos los retos que de esta se derivan, como la desaceleración del crecimiento, señalan los analistas. Frente a los problemas de deflación, Daniel Murray, de la firma de inversión EFG Asset Management, recomienda una “simple combinación de más gasto público y menos impuestos, junto con una política monetaria más flexible”. ¿Por qué la deflación es un problema? China produce una gran proporción de los bienes que se venden en el mundo. Uno de los efectos positivos de un periodo prolongado de deflación en el país puede ser que contribuya a frenar la subida de precios en otras partes del mundo. No obstante, si los productos chinos a precios reducidos inundan los mercados globales, podrían afectar a los fabricantes de otros países. Es decir, se podría ver golpeada la inversión y el empleo. También te puede interesar: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica discutirán el uso de monedas locales sobre el dólar Un periodo de caída de precios en China también podría golpear las ganancias de las empresas y el gasto de los consumidores. Esto podría causar más desempleo. Asimismo, este hecho podría reducir la demanda de energía, materias primas y comida del país, y, considerando que es el mercado más grande del mundo, terminaría afectando a las exportaciones a nivel global. Fuente: BBC News Mundo