De ahí que aparecen símbolos de la corporalidad humana de acuerdo con las épocas, sea de abundancia o de escasez, que han dado lugar a determinadas conductas (glotonería, ayuno) orientadas a alcanzar la imagen prevaleciente como el símbolo la belleza del cuerpo humano. A lo largo de la historia se encuentran diversas expresiones de la belleza corporal humana: para los griegos, su estándar de belleza se ve reflejado en sus obras de arte (la Venus de Milo, Afrodita); en la época romana, la belleza corporal se expresaba por el cuerpo voluptuoso y relleno. La admiración por un cuerpo de esas características perduró hasta la época medieval y enfrentó posiciones conflictivas al considerar a la glotonería como pecado venial y la obesidad como una señal de la gracia de Dios. En el siglo XX, durante la época Victoriana, la anorexia nerviosa fue establecida como diagnóstico clínico sobre la idea cultural de la mujer expresada por el deseo de una extrema delgadez. La década de 1920 imponía el cuerpo delgado como estándar de belleza, lo que dio inicio a una epidemia de trastornos alimenticios. El anhelo por la delgadez se mantuvo hasta los 80, con el cuerpo atlético como la norma prevaleciente. En esta década, la psiquiatría informó que, dentro de los trastornos mentales, la anorexia nerviosa representa el índice más alto de mortalidad. La Organización Mundial de la Salud (OMS), por su parte, reportó el inicio de una epidemia de obesidad global como un problema de salud, adicional a los trastornos alimenticios. El concepto del cuerpo ideal y las formas para alcanzarlo han sufrido una evolución: el uso del corset; la inducción del vómito; nuevas prácticas que dan lugar a autolesiones; la exagerada práctica del ejercicio físico; y, el uso de dietas restrictivas que inciden en el desarrollo de trastornos alimenticios. Actualmente, existe un importante material científico que permite reconocer los trastornos alimenticios como un problema de salud pública. La OMS los ubica como enfermedades mentales prioritarias entre niños y jóvenes y sostiene que, sin la orientación nutricional y psicológica, la tendencia de las personas a ser presa de este tipo de trastornos es peligrosa. Durante las dos últimas décadas se ha descubierto que las patologías alimentarias tienden a una larga evolución, volviéndose crónicas; no obstante, su tratamiento puede resultar exitoso si se identifican dentro de los tres primeros años de su diagnosis. Por tanto, es importante el apoyo de los Gobiernos en la implementación de las políticas públicas que fomenten la investigación y el mayor conocimiento, diagnosis y tratamiento de estos trastornos.Por _ Valentina Mora Bahamonde