Por: Freddy Araque – Ebitda Group Navegantes Imagine que hace varios siglos atrás había un navegante que servía en un gran barco que navegaba regularmente por aguas peligrosas. Su tarea era asegurarse de que el capitán condujera el barco de manera segura y eficiente de un punto a otro. Para el desempeño de sus funciones, el navegante se basaba en un conjunto de instrumentos sofisticados para dicha época. Sin el funcionamiento efectivo de estos instrumentos, sería imposible trazar el rumbo seguro y eficiente del barco. Un día, el navegante se dio cuenta de que uno de sus instrumentos estaba mal calibrado. Como resultado, proporcionó al capitán información inexacta. Nadie más que él sabía de este problema, y decidió no informar al capitán, pues temía que el capitán lo culpara por no informar del problema antes y luego le pida que encuentre una manera de obtener las mediciones correctas y precisas, lo cual requeriría mucho trabajo y esfuerzo. Como resultado, el navegante siempre se aseguraba de dormir cerca de los botes salvavidas, de modo que, si la información errónea conducía a un desastre, no se hundiría con el barco. Finalmente, el barco chocó con un arrecife que el capitán creía que estaba a kilómetros de distancia. Se perdió el barco, se perdió la carga y muchos marineros perdieron la vida. El navegante, siempre muy cerca de los botes salvavidas, sobrevivió al hundimiento y luego se convirtió en el navegante en otro barco. Contadores Siglos después, había un contador que trabajaba para una empresa en la que se invirtió una gran cantidad de dinero para operar y participar en un mercado muy competitivo. El trabajo de este contador era proporcionar información sobre los resultados de costos y rentabilidad de la empresa. Un día, el contador se dio cuenta que los cálculos y los métodos de costos eran incorrectos y no reflejaban la realidad económica de la empresa. Los datos de entrada eran correctos, sin embargo, la información resultante reportada era inexacta, ya que se habían utilizado factores de distribución de costos que prorrateaban costos y gastos indirectos sin relación causal con los productos. Como resultado, la información proporcionada para apoyar la toma de decisiones del gerente general y el equipo ejecutivo fue incorrecta. Nadie más que el contador sabía que este problema existía, sin embargo, decidió no informarla, ya que temía que el gerente general lo culpara por no detectar el problema a tiempo y luego le exigiera que haga un gran esfuerzo para desarrollar e implementar un sistema de costos nuevo, más preciso y relevante utilizando principios de causalidad, lo que imaginó que requeriría mucho trabajo. Mientras tanto, el contador siempre se aseguró de mantener intacta su red de contactos con otros profesionales y empresas de head hunting en caso de que tuviera que encontrar otro trabajo. Finalmente, los precios mal establecidos a los productos llevaron a tomar malas decisiones e inversiones que lograron quebrar la compañía. La empresa cerró, los accionistas perdieron su inversión, los acreedores sufrieron pérdidas financieras, y muchos trabajadores perdieron sus empleos. Sin embargo, el contador encontró fácilmente un nuevo trabajo en otra empresa. ¿Es el Contador un mal navegante? Algunos contadores creen que los errores de costeo no son tan graves... Otros piensan que el esfuerzo adicional requerido para recopilar y calcular nueva información no compensará los beneficios de una mejor toma de decisiones… También piensan que los costos no importan porque el enfoque debería estar en el crecimiento de las ventas... Tal vez son simplemente simplistas y no quieren hacer ningún trabajo adicional como administrar dos tipos de resultados de costos, uno para entes reguladores externos y uno para la toma de decisiones interna. Los contadores que no estén dispuestos a adoptar métodos modernos y lógicos de cálculo de costos, así como gerentes que toleren informes incorrectos, deben cambiar su forma de trabajar o deberán “bajarse del barco” antes de que se produzca un daño real en sus empresas.