En ambos casos, las cifras se sitúan por debajo del promedio regional (2,3%), lo que describe un crecimiento lento, que tiene contexto con la incertidumbre del comercio mundial y las implicaciones negativas de la crisis energética y de seguridad. La entidad estima que el PIB de la construcción crezca en un 1,1% y alcance los USD 10.887 millones al cierre de este año, lo que equivaldría al 9,1%, situándose como la cuarta actividad con mayor aporte al PIB del país. En tanto que, para el próximo año, el BCE proyecta un crecimiento del 1,7% para el sector. En 2022, los ingresos provenientes del sector de la construcción ascendieron a USD 14.151 millones, es decir, USD 1.591 millones más que en 2021. En tanto que, entre enero y septiembre, los ingresos de esta actividad crecieron en un 0,5%, ubicándose en USD 9.788 millones, de acuerdo con los registros del Servicio de Rentas Internas (SRI). Del total de ingresos generados por la construcción, el 38,8% corresponde a edificaciones y obras de construcción, el 35,7% del comercio de insumos para la construcción y el 25,4% de la industria para la construcción. Las empresas domiciliadas en Guayas (36,1%) y Pichincha (33,2%), en conjunto, representaron cerca del 70% de los ingresos totales del sector. Le siguen las empresas de Azuay (7,4%) y Manabí (3,7%). El desempeño del sector también implica un importante impacto en el mercado laboral puesto que la construcción es la cuarta actividad que mayor empleo directo genera en la economía. Según registra el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), al mes de septiembre de 2023, la construcción representó el 6,4% del empleo a nivel nacional. Uno de los factores que ha propiciado el dinamismo de la construcción es el crédito a la vivienda. De acuerdo con la Superintendencia de Bancos (SUPERBANCOS), en 2022 este tipo de crédito aumentó en un 13,9%, alcanzando los USD 902 millones que son destinados a proyectos inmobiliarios, la compra de vivienda de interés social y de interés público. En cambio, entre enero y septiembre de 2023, las colocaciones de este tipo se contrajeron en un 3%, en comparación al mismo periodo de 2022. Esto al pasar de USD 675 millones a USD 654 millones. Este hecho se ajusta al contexto nacional e internacional que sugiere un escenario de incertidumbre (incrementos progresivos en el costo del crédito doméstico) que pone en duda tanto la inversión como el endeudamiento para el desarrollo y adquisición de proyectos inmobiliarios. Tendencias de compra En un estudio elaborado por Market Watch, que analiza las tendencias del mercado de la construcción, se observan importantes cambios en el comportamiento de la demanda. En el periodo pre pandemia, los consumidores tomaban su decisión de compra de una vivienda valorando más su ubicación que el precio. Este hecho cambia en 2022, ahora los consumidores priorizan el precio sobre la ubicación de la vivienda. En este sentido, también se evidencia un aumento del ciclo de venta del bien, al pasar de 24 meses (periodo prepandemia) hasta 36 meses. Y con ello, una caída en las unidades vendidas al mes; mientras que en el periodo prepandemia las inmobiliarias vendían hasta 1,6 unidades al mes, en 2022 apenas ascendían a 0,9. Esta caída en la rotación y número de unidades vendidas al mes, ha generado una disminución de los márgenes anuales de las constructoras del 25% al 12%. Entre las nuevas tendencias del mercado se observa que la edad del comprador promedio de una primera vivienda oscila entre los 30 y 35 años.A nivel nacional, Quito, Guayaquil y Cuenca son las ciudades con mayor número de proyectos residenciales. Sin embargo, entre el 2017 y 2022, solo Guayaquil mantuvo una tendencia creciente en el desarrollo de este tipo de proyectos, reflejando un incremento en cantidad de 82 a 110. En ese periodo, Quevedo se situó como la ciudad con mayor incremento de la plusvalía por metro cuadrado, alcanzando una tasa de crecimiento de 42,3% en el precio de venta. Le siguen Playas (39,1%) y Manta (34,7%). La persistencia de la incertidumbre en los mercados internacionales, y, las expectativas que la ciudadanía mantiene sobre la gestión del nuevo Gobierno son elementos que configurarán el escenario en este y el próximo año. Frente a ello, y a otras amenazas vigentes como el fenómeno del niño y la crisis energética y de seguridad, el sistema financiero público y privado se constituye como un actor clave que permitirá el flujo de liquidez hacia los diferentes sectores de la economía, lo que ayudará a mantener el dinamismo del aparato productivo del país y del sector de la construcción. Por: Juan Carlos Zabala A. y Jonathan Guamán Ch., Ekos Research