De acuerdo al World Economic Forum, casi la mitad de todas las ventas nuevas de automóviles de pasajeros en 2018 fueron de este tipo. Y es que, a pesar de ser un país productor de petróleo (40% del PIB), el gobierno noruego es consciente de que las energías limpias son el futuro. Esta cifra supera con creces a otros países del mundo. La vecina Islandia ocupó el segundo lugar con el 19%, mientras que Suecia fue el tercero con el 8%. En la lista de países que apuestan por la energía eléctrica en el sector automotriz le siguen: Holanda (6,69%), Finlandia (4,74%), China (4,44%), Portugal (3,44%), Suiza (3,18%) y Austria (2,54%). Resulta sorprendente lo barato que es comprar un vehículo eléctrico en el país escandinavo. Al menos, en comparación con lo que cuestan los autos propulsados por combustibles fósiles, cuya importación está gravada con altos impuestos. Con estas ventajas fiscales, no es de extrañar que en abril de 2017 se vendieran 16.757 vehículos eléctricos, más de la mitad de los que se adquirieron en toda Francia en 2016 (29.205). Por lo tanto, el entusiasmo por este tipo de autos es impulsado por algo más que el deseo de proteger el medioambiente. Sin duda, comprar y manejar un auto en Noruega es costoso. El impuesto sobre el automóvil y su seguro, recientemente combinados, se calculan sobre el peso y las emisiones del vehículo. Podría añadirse entre el 29% y el 100% al precio de compra. De forma paralela, el ayuntamiento de Oslo está construyendo una infraestructura ciclista y pretende tener el centro de la urbe libre de autos de combustibles fósiles para 2024. Por: María José Vilac y Víctor Zabala.