Una educación de calidad está íntimamente ligada a la productividad e innovación de un país. Diversos estudios demuestran que una mejora en la formación de niños y jóvenes conlleva una mejor calidad de vida, mayores ingresos y más empleabilidad, generando una disminución de la pobreza y más oportunidades. La CEPAL publica anualmente las estadísticas sociales de los países de América Latina y uno de los indicadores que toma en cuenta es la inversión en educación en relación al PIB. En 2016 se observa que Costa Rica (7,1%), Bolivia (5,2%), Honduras (5%), Chile (5%) y Ecuador (4,6%) son los que más destinan dinero a la educación en relación al tamaño de sus economías. Mientras que Costa Rica (878), Chile (753), Argentina (728), Brasil (562) y México (515) son los que designan la mayor cantidad de recursos a educación en términos per cápita. Ecuador, con USD 311 por estudiante, es la séptima nación en la relación de gasto por estudiante. El caso de Bolivia, Ecuador y Honduras pone en debate la relación del gasto en educación con la calidad del sistema educativo, puesto que al comparar los resultados de las pruebas Pisa se observa que estos países obtienen todavía muy bajas puntuaciones. Esto demuestra que la calidad de la educación no solo depende de cuánto se desembolsa, sino de la eficiencia en el uso de esos recursos, así como también de la idoneidad del currículo educativo. Por lo tanto, si bien es positivo que estos países asignen una buena cantidad de sus recursos a la formación de su población, estos rubros no garantizan la calidad del sistema educativo. Fuente: María José Vilac y Víctor Zabala