En el curso de su labor, destinada a dejar una huella espiritual e intelectual en suelo ecuatoriano, Matovelle convirtió tres monumentos arquitectónicos en grandes íconos de fe a través de su Congregación de Oblatos: la Basílica del Voto Nacional, dedicada al Sagrado Corazón de Jesús; el trabajo pastoral en el Santuario de la Virgen de El Quinche y la construcción de la inmensa mayoría del Santuario de Nuestra Señora del Cisne en Loja. Basílica del Voto Nacional Construida gracias a la intervención del Padre Julio María Matovelle, este templo de arquitectura neogótica es considerado el más grande de toda América Latina, al alcanzar una altura de 115 metros y contar con dos escenarios religiosos en su interior. El primero, el Santuario Nacional al Sagrado Corazón de Jesús y el segundo, el Santuario Nacional, dedicado al Inmaculado Corazón de María. Julio Matovelle, desde su puesto como diputado de la República, influyó en 1883 para la realización de este monumento dedicado a la consagración de Ecuador al Corazón de Jesús. En 1902, el Arzobispo de Quito, Pedro Rafael González y Calisto, le entregó este reto sagrado y monumental al Fundador de los Oblatos. A partir de este año, el líder de los Oblatos junto a la Congregación se ocuparon del proyecto. Como parte de su consecución, el Estado aportó recursos económicos y los creyentes contribuyeron con dinero, mano de obra y materiales de construcción. Como muestra de estas acciones, sus nombres quedaron grabados en las piedras de la Basílica. Hoy, en su fachada queda el registro de este hecho histórico. “No podemos llegar al Corazón de Jesús sin ser tomados de la mano de María”. Esta idea llevó a Matovelle a dedicarle la primera parte de la construcción de la Basílica al Corazón de María en el lado norte, capilla absidal, en el que coloridos vitrales, frescos y columnas repujadas embellecen este espacio sagrado, mientras en la majestuosa Basílica del Corazón de Jesús se conjuga la belleza de la arquitectura, con 24 capillas en representación de las provincias de Ecuador. El espacio interior del templo, de igual manera, está iluminado por vitrales de colores que contrastan con la frialdad de la piedra, elementos escultóricos y detalles naturalistas como hojas y follajes que se complementan con la belleza de la fauna ecuatoriana en su exterior. Pero al ser una obra tan compleja y portentosa, la edificación de la Basílica no ha sido tarea fácil. Han pasado más de 120 años desde la colocación de la primera piedra, pero aún permanece inconclusa por la gran cantidad de detalles. Por su belleza fue declarada en 1978 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en conjunto con el Centro Histórico de Quito, y es considerada una de las piezas de la arquitectura neogótica más imponentes del mundo. Desde 1984, su estructura, tal como la conocemos hoy, fue terminada y se comenzaron a oficiar misas en la nave central y a repicar las campanas de la torre. Capilla Privada de la Casa General de los Oblatos En este lugar está el cuadro histórico frente al cual Ecuador se consagró al Sagrado Corazón de Jesús, el 25 marzo de 1874. Este acto histórico representa la afirmación de la fe del pueblo ecuatoriano hacia el Sagrado Corazón de Jesús, representado en un incomparable lienzo de pasada la mitad del siglo XIX. En época del liberalismo radical, el cuadro estuvo en Chile para protegerlo. Santuario de la Virgen de El Quinche El único día en que Nuestra Señora de la Presentación de El Quinche deja su trono es el 21 de noviembre. Sale para recibir a más de un millón de peregrinos que, desde Quito, Calderón, Pifo y Cayambe y desde otras provincias de Ecuador, emprenden una caminata para rendirle homenaje. A ella se le atribuyen una infinidad de milagros y favores, que han sido retratados en lienzos y placas. El resto del año, la bella escultura de madera tallada en el siglo XVI y cubierta con un vestido de brocado con hilos de oro y plata, permanece en el altar mayor. El Santuario es liderado pastoralmente por la Congregación de Misioneros Oblatos. La Virgen de El Quinche fue trasladada desde Oyacachi hasta el pueblo de El Quinche por orden de las autoridades eclesiásticas en 1604. Hoy, 416 años más tarde, constituye uno de los lugares más concurridos del país por sus devotos. El acompañamiento pastoral de los Oblatos en El Quinche conjuga la animación de la fe en los creyentes con la asistencia sacramental, la consejería espiritual y obras de impacto social, manifestadas en la Unidad Educativa Matovelle para niños y jóvenes de sectores circunvecinos, comedores comunitarios para adultos mayores y su Fundación Sol en Los Andes, que ayuda gratuitamente a niños con cáncer provenientes de todo el país. Santuario de El Cisne Los Padres Oblatos se encargaron de la construcción de la Basílica de El Cisne en 1944, cuando esta tenía apenas un avance del 10%. Bastaron 30 años, para que la obra de estilo neogótico luciera su grandiosidad. Para cumplir con esta labor, los religiosos abrieron vías a través de mingas, para trasladar los materiales hasta el sitio, ubicado en una pequeña montaña en Loja. El templo fue construido con elementos de arquitectura gótica, basados en la Basílica del Voto Nacional en Quito. Sus vitrales decorativos narran episodios bíblicos. En su interior se encuentra Nuestra Señora de El Cisne, tallada en cedro en el siglo XVI. Desde la llegada de los oblatos, se instauraron las peregrinaciones en la que miles de personas del país y Perú caminan un trayecto de 74 kilómetros, para ver a la Churona, como la llaman cariñosamente. Así, año tras año, Loja dedica seis meses al año a peregrinaciones, misas y fiestas dedicadas a la Madre de Dios. Si bien la Congregación estuvo presente en el santuario hasta 2001, a lo largo de 50 años trabajaron en diferentes campos de acción pastoral, dando trabajo a los pobladores del lugar y apoyando el progreso y desarrollo de la zona con obras de apoyo social y educativo.