Pero existen otras formas de consumo y de relación entre marcas, clientes y productores. Algunas conllevan nuevos grados de confianza y compromiso. Un ejemplo es el de iniciativas como Crowdfarming, una start up que busca una alimentación más sana y natural y unas condiciones más justas para los productores de los productos agrícolas y ganaderos. “En nuestro modelo, no solo compras un producto, sino que puedes adoptar algo, como un naranjo o una vaca”, dice la cofundadora Juliette Simonin, “esto tiene ventajas para el consumidor, por la trazabilidad, para el productor, por el precio justo, y para el medio ambiente, porque se evita desperdicio de alimentos”. CrowdFarming trabaja en cuatro países, (España, Francia, Alemania e Italia), implica a 160 productores y ya reúne a 200.000 familias que confían en este modelo que prescinde intermediarios para ser sostenible y transparente. ➤ Ver también: Los latinoamericanos mantienen los hábitos de consumo adoptados en pandemia Canthynnus es otra start up que busca otra forma de relacionarse con los clientes. En este caso el producto son conservas premium de pescado y marisco: los clientes no compran las latas sueltas, sino que se suscriben y reciben mensualmente un lote, cuya composición ni siquiera pueden elegir: cada mes hay sorpresas. “Así los clientes pueden conocer una variedad mayor de conservas”, dice el cofundador Miguel Galera, “queremos poner en valor las latas, que no sea solo un producto de reposición, que la gente no se abra una lata solo cuando no tiene otra cosa que comer o no le apetece cocinar”. Quieren poner a las conservas a la altura, en cuestión de reputación, de otros productos muy valorados como el queso, el vino o el aceite de oliva. Y también poner en valor la importancia de la industria conservera y de sus trabajadoras, en su mayoría mujeres, para lo que usan técnicas de storytelling. “Una lata tiene que ver con la cultura, con el arte, con la tradición”, dice Galera, “cuando estudiamos el sector nos dimos cuenta de que la única forma de diferenciarse era desde la divulgación: crear historias alrededor de una lata”. Así involucran a personas de la industria, a artistas, como ilustradores, para contar los intríngulis de este oficio vetusto y conseguir involucrar a más personas en causas sociales y medioambientales. En un mundo donde tienen tanta relevancia las compras impulsivas, estas empresas buscan una relación más estable y duradera con sus clientes. “Puedes comprar algo por Glovo y tenerlo en 10 minutos o puedes esperar seis meses por unas buenas naranjas ecológicas pagadas a precio justo”, dice Simonin, “yo creo que está claro que no podemos seguir consumiendo de la misma manera”. Nota publicada en: Diario El Pais