Fundada sobre una tierra de coníferas que permitió a los vikingos convertirse en la nación naviera más importante del mundo, desde el inicio, los noruegos supieron aprovechar la madera como la base para el desarrollo de su civilización y su cultura. Con el paso de los años, ésta se convirtió en la materia prima característica del país y llegó a ser tan cotizada durante el medioevo que algunas de las ciudades europeas más ricas de la época se cimentaban sobre madera noruega. Una identidad que sería arrebatada después de la anexión de Noruega al reino danés. Por 400 años, los noruegos vivieron bajo el reino de Dinamarca donde perdieron su capital, renombrada Christiania, pero más que eso, los desprendieron de su identidad. En 1814, Noruega recupera su soberanía, pero no fue hasta 1897 que Oslo logró recuperar su nombre. A partir del siglo XX, catastróficos incendios obligaron la implementación de nuevas regulaciones para la construcción direccionadas a la utilización del hormigón. En esta época surgieron construcciones emblemáticas de hormigón como el edificio brutalista del ayuntamiento de Oslo o la catedral de Bodø. La madera perdió protagonismo y Oslo fue desprendiéndose de la que una vez fue su material insignia. La recuperación de su identidad: A partir de las últimas décadas del siglo XX, Noruega experimentó un crecimiento económico significativo que le permitió el desarrollo de varias industrias, entre ellas la construcción. Según El País, Oslo es la actual capital de más rápido crecimiento en Europa. Sus paisajes mixtos, y zonas culturales, como la reactivada zona industrial de río Aker, resaltan la esencia de la cultura moderna de Noruega. Las nuevas construcciones están dispuestas a provocar un impacto visual, y a demostrar el progreso de la ciudad sin olvidar su proveniencia. La combinación de madera, hormigón y metales rescata la esencia de una ciudad construida y reconstruida a través del tiempo; mientras que el paisaje evidencia la frescura de su cultura, de una identidad arrebatada y recuperada en la vanguardia. Esto promueve una arquitectura paisajista que encanta. En Oslo saben cómo hacer que las grandes ideas funcionen. Por eso, en la actualidad, la ciudad busca prácticas de construcción sostenibles y alineadas con las nuevas tendencias de la industria. Las constructoras noruegas innovan con la implementación de tecnologías para el desarrollo de sus proyectos y muchas de las obras se piensan en dirección de una construcción sostenible. La ciudad ha invertido importantes montos de dinero en la construcción de centros culturales y de exhibición. Así, en los últimos años Oslo ha sido la cuna de grandes obras destinada a relucir la nueva cara artística y cultural de Noruega. La nueva Biblioteca de Oslo o el moderno Museo de Munch son resultado de estas inversiones culturales que, más allá de modernos edificios de vanguardia, son el albergue de una buena parte de la historia y la cultura del país nórdico. Museo Nacional de Noruega Otras obras como el Museo Nacional de Noruega se abanderan para demostrar la nueva identidad arquitectónica de Oslo. El palacio que alberga más de 90 salas de exhibición resalta la cultura maderera noruega con sus interiores de roble, sin perder la elegancia que le proporciona el mármol. Sus 54.600 m2 de construcción lo convierten en el museo más grande entre los países nórdicos. HasleTre, una innnovación en madera El edificio HasleTre, construido de manera flexible, innovadora y sostenible, enfatiza la premisa de la arquitectura noruega. El edificio de 3.200 m2, está construido enteramente en madera y utiliza un sistema estructural en masa. Con un sistema de ventilación sostenible, el proyecto reduce de manera sustancial las emisiones de gases de efecto invernadero. Además, su estructura desmontable, la hizo acreedora del título de “Construcción de madera del año 2022” en Noruega.