El municipio debe darle un nuevo ideal a Quito. Hoy, el 40% de quiteños se sienten “algo satisfechos” con su ciudad. Por eso, para que el optimismo del metro se convierta en certezas para vivir aquí, requiere inversión. La insatisfacción ciudadana del 47% con el transporte público y 49% con los espacios públicos, obliga a la administración municipal a renovar la ciudad con nuevas rutas y frecuencias de buses y nueva infraestructura urbana que ofrezca mejores parques y veredas seguras, arborizadas e inclusivas. Esto no solo tiene efectos sociales positivos. De acuerdo al BID, por cada USD 1.000 millones en inversión de infraestructura, se generan 13 mil empleos directos. El sector privado puede encontrar nuevos desafíos. Más allá de los edificios más altos que ahora se pueden construir, se necesitan proyectos que desde su atractivo comercial generen comunidad. Al entender la ciudad como una relación simbiótica, se puede innovar en diseño y función. Por ejemplo, explorando las soluciones “missing middle housing” que con alta densidad en baja altura, usos comerciales que complementan la vivienda e integración de los edificios al espacio público, se crean beneficios sociales y económicos para todos. Según el arquitecto Daniel Parolek estas alternativas ofrecen más viviendas a un precio asequible, lo que fomenta la compra y alquiler de nuevas unidades al mismo tiempo que generan barrios caminables, seguros y capaces de fomentar el emprendimiento. La nueva arquitectura que se desarrollará en los años venideros junto con el metro, generará beneficios económicos. De acuerdo a un estudio en la ciudad de Nueva York, en los barrios de uso mixto con nueva infraestructura de transporte, las ventas de los locales comerciales aumentan en alrededor de 17% en el primer año y hasta el 50% para el tercer año. De ahí parte la necesidad de construir soluciones inmobiliarias que mejoren la ciudad para todos. El sentimiento de optimismo generalizado que vivió esta ciudad en diciembre de 2023 con la inauguración del metro puede ser una marca ciudad permanente, pero para ello es necesario seguir creciendo. Y aunque se puede argumentar que el costo de la ampliación de la línea 1 hacia el norte (y de nuevas líneas) es alto, diversos estudios desde hace 40 años indican que ese costo se compensa con la comodidad, rapidez y seguridad que los metros ofrecen al ciudadano, además de los beneficios ambientales y económicos y las posibilidades de renovación urbana para la ciudad. Aún es pronto para corroborar estos beneficios en Quito, pero los primeros boletines del metro indican que la ciudad va en ese camino. Su uso ha acercado el sur al centro como nunca antes.La mayoría de viajes inician en las estaciones del sur de la ciudad y terminan en el hipercentro; el 87% de usuarios eligen el metro por su rapidez, es decir por el valor que dan a su tiempo; el 78% eran antes usuarios del trole, ecovía o buses, mientras que el 15% dejó su auto en casa para ir en metro. Esos datos alentadores dejan una línea que entrevé que esto sirve, y de manera totalmente efectiva.