En este nuevo contexto, es que muchas empresas han optado por buscar formas de financiamiento, que basadas en los mercados financieros, incorporan criterios y principios de inversión que buscan mejorar el medio ambiente, problemas de índole social y las buenas prácticas del manejo de las empresas. Los bonos sustentables son instrumentos de deuda cuyos fondos financian o re financian proyectos verdes (con finalidades de mitigación y adaptación al cambio climático y protección del medio ambiente) y proyectos sociales (apoyo a grupos vulnerables, pensiones, salud y educación) tal como los define la Asociación Internacional de Mercado de Capitales (ICMA). La primera ola de los bonos sustentables, como hoy se conocen aquellos instrumentos de deuda etiquetados que comprenden los proyectos ambientales, sociales o ambos, fue liderado en la región por los bonos verdes y corporativos. Como se puede ver en el panel (a) de la Figura 1, el inicio en Latinoamérica fue muy tenue con una emisión en 2014 de una empresa argentina y en general con una participación en el mercado mundial de cerca del 2%. Posteriormente, la expansión de estos instrumentos se incrementó y diversificó como se muestra en el panel (b) de la Figura 1, donde se puede apreciar que se retomó el crecimiento de 2017 en 2019 y se potenció con la primera emisión de un gobierno como Chile, con un bono soberano verde en las américas en 2019. Este hecho marcó un precedente que gatilló la expansión durante el primer año de la pandemia en 2020 con la inclusión de los bonos sociales. Los bonos sociales y la interacción que tienen con los temas verdes representan la segunda ola de los bonos sostenibles. En esta se observa claramente el efecto que ha tenido la pandemia del Covid-19 en los países y en el requerimiento de las empresas. Hasta 2019 los instrumentos sostenibles fueron los que dominaban en las emisiones de la región como se ve en la figura 2, al arribar la pandemia en marzo de 2020, lo requerimientos de financiamiento en temas sociales como bonos, pensiones, salud y educación empiezan a demandar más recursos y de esta manera la categoría social aumenta significativamente, ya en 2021 hay una fuerte irrupción de los bonos sostenibles. Recientemente se viene gestando una tercera ola de proyectos sostenibles con aquellos que tienen vinculación a la sostenibilidad con la (i) medición a través de indicadores clave de rendimiento (KPIs) predefinidos y (ii) se evalúan en función de los objetivos de desempeño de sostenibilidad (SPTs) predefinidos. Estos instrumentos pueden lograr ampliar más los objetivos de inversión en comunión con una mejora ambiental. Para que más empresas se unan a estas opciones de financiamiento los pasos son bien conocidos para llegar a los mercados y lograr financiamiento de proyectos sostenibles y que son premiados en el mercado financiero: i) Tener una declaración de principios ESG, ii) conformar un marco de criterios de inversión y declaración de actividades sostenibles y iii) Realizar un seguimiento del impacto y asignación de recursos sobre cada uno de los principios. La experiencia trabajando en estos temas permite observar con optimismo que muchos de los desafíos empiezan a materializarse en metas en esta nueva forma de financiamiento para las empresas en Latinoamérica. Por _ Luis E. Gonzales | lwgonzal@uc.cl | Coordinador Económico de Cambio Climático Energía y Medio Ambiente de CLAPES UC, Pontificia Universidad Católica de Chile