La charla empezó con un ejercicio. Miriam Bandes, Representante ONU Mujeres Ecuador, pidió al público ponerse de pie en dos momentos: primero, quienes han sido cuidados a lo largo de su vida, después, quienes han tenido que cuidar a alguien. En ambos casos, casi toda la sala se levantó. Pero la escena dejó algo claro: el cuidado está en todos, pero no se reparte igual. La mayoría de quienes seguían de pie eran mujeres. Desde ahí, la conversación se construyó sobre una idea clara: el cuidado sostiene la vida, pero sigue siendo invisible. No se mide, no se paga y, muchas veces, tampoco se reconoce, “sigue siendo una labor no remunerada que recae desproporcionadamente sobre las mujeres y niñas”, enfatizó, aterrizando una realidad que estructura la vida cotidiana y la economía al mismo tiempo. Bandes llevó el tema a lo concreto. Cuidar no es solo acompañar: es cocinar, limpiar, gestionar, resolver. Es una carga constante que, en la mayoría de los casos, recae sobre las mujeres y limita su tiempo, sus ingresos y sus posibilidades. “¿Tienen estas mujeres tiempo para capacitarse, para trabajar, para decidir?”, cuestionó, poniendo en evidencia las barreras que genera esta distribución desigual. El planteamiento fue más allá de lo individual. El problema no es quién cuida, sino cómo está organizado el cuidado. Lo que hoy se asume como una responsabilidad privada tiene efectos públicos: en la economía, en el acceso a oportunidades y en la forma en que se construyen las ciudades. En esa línea, introdujo una idea concreta: una ciudad que cuida. Espacios seguros, servicios accesibles y sistemas que alivien la carga diaria no son detalles, son condiciones que permiten que quienes cuidan también tengan tiempo y autonomía. Ahí se conecta la iniciativa de ONU Mujeres Ciudades Seguras y Espacios Públicos Seguros, que busca prevenir el acoso y la violencia en el espacio urbano y garantizar que mujeres y niñas puedan habitar la ciudad sin miedo. Implementada en más de 20 ciudades, la propuesta apunta a algo más amplio: movilidad segura, entornos accesibles y una corresponsabilidad real en el cuidado, articulando a gobiernos y comunidades. El cuidado no puede seguir siendo invisible ni recaer en unos pocos. Desde ahí, la representante de ONU Mujeres planteó algo concreto: redistribuirlo exige decisiones, inversión y voluntad política. No como promesa, sino como base para que más personas puedan sostener su vida sin quedarse fuera de ella.