En el mundo hay 300 millones de mujeres y niñas menstruando en un día concreto, según cálculos del Banco Mundial. El precio de un paquete de toallas higiénicas equivale a dos libras de frijoles, un almuerzo común de USD 3 o un cuaderno, según la ONG Plan Américas. Expertos, fundaciones y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han pedido que la menstruación sea reconocida como un problema de salud y derechos humanos y no de higiene. Algunos países, como Colombia o México, han dado pasos para eliminar impuestos y desarrollar programas educativos y de acceso a productos. Hoy más que nunca necesitamos visibilizar la situación de mujeres y niñas que no cuentan con el acceso y la educación a una higiene menstrual; la comunicación hace la diferencia, explica Hugo González, representante en Perú del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), que trabaja para paliar la pobreza menstrual, una realidad que viven miles de mujeres en la región. A través de campañas como ‘Menstruación libre de impuestos’, Colombia se convirtió en 2018 en el primer país de América en eliminar el impuesto del valor agregado (IVA) del 16% de los productos de higiene menstrual. Lo mismo hizo después México. Chile, en cambio, gravó estos productos con un 19%, el segundo más alto de la región, por detrás de Uruguay (22%). En 2021 ingresó a la Cámara de Diputados chilena el proyecto de ley Dignidad Menstrual que atribuye al Estado la responsabilidad de asegurar el acceso a insumos de higiene personal. Sin embargo, el texto permanece desde mayo en el Senado, donde no ha registrado avance alguno. En Brasil, un proyecto de ley que impulsaba la entrega gratuita de productos sanitarios a cuatro millones de mujeres en situación de vulnerabilidad fue frenado en 2021 por el presidente Jair Bolsonaro. Apenas 9 de 31 países de la región consideran como productos de primera necesidad los de higiene menstrual, lo que permite que estén sujetos a un IVA reducido, señala el estudio Impuestos Sexistas en América Latina, de la Fundación Friedrich Ebert. En la región, según la OMS, dos de cada cinco niñas faltan a la escuela durante su menstruación, un absentismo potenciado por los estigmas que existen en torno a esta circunstancia. En Latinoamérica, la migración se ha convertido en una circunstancia que afecta aún más la vida de las niñas, adolescentes y mujeres, que no tienen acceso a saneamiento adecuado o productos de gestión menstrual. También te puede interesar: España reconocerá permiso laboral por menstruación dolorosa Según el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), en América Latina mujeres y adolescentes representan el 6,3 % de la población carcelaria, con servicios básicos precarios, lo que provoca que tengan su periodo en condiciones difíciles. “La salud menstrual es parte integral de los derechos a la salud sexual y reproductiva. Es un factor decisivo para la realización de los derechos humanos de las niñas y las mujeres”, manifestó durante el 50º periodo de sesiones del Consejo de Derechos Humanos la expresidenta chilena Michelle Bachelet, quien hasta agosto pasado era la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU. Fuente: EFE