En su primera visita al país, Daren Tang, Director General de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), señaló que la economía ecuatoriana “está realmente basada en sus recursos de la tierra y del mar”, con exportaciones de rosas, camarón, banano y cacao. El desafío, dijo, es que “junto a eso, podamos crear un nuevo motor de crecimiento empresarial y desarrollo económico” basado en el conocimiento. Según Tang, “alrededor de un tercio de los ecuatorianos son emprendedores”, lo que muestra un ecosistema vibrante, reforzado por una fuerte economía creativa: música, arte, cine premiado en Venecia y casos como Paccari o la ‘fintech’ Kushki. En este contexto, recuerda que “la propiedad intelectual no es un fin en sí mismo” y advierte que los países deben “dejar de verla solo como un conjunto de leyes y reglas” para integrarla en su estrategia nacional de innovación. Es por ello que, en Ecuador, la OMPI trabajará con el Servicio Nacional de Derechos Intelectuales (Senadi) para convertirlo en “una oficina digital”, capaz de ofrecer servicios en línea a todo el país. Tang explicó que buscan que la institución sea “paperless” y que los usuarios -sobre todo los jóvenes innovadores- puedan interactuar desde el teléfono, en lugar de acudir físicamente a presentar formularios. También te puede interesar: BUGGATTI La marca italiana que redefine la elegancia masculina en América Latina La OMPI trabajará con el Servicio Nacional de Derechos Intelectuales (Senadi) para convertirlo en una oficina digital capaz de ofrecer servicios en línea a todo el país. También cooperará con el Ministerio de Educación para introducir principios de innovación y PI en las aulas, y con el de Producción para fortalecer instituciones de investigación y su vínculo con las empresas. Y en programas para pymes, emprendedores y mujeres científicas, por ejemplo, el proyecto reciente “para apoyar a 30 mujeres de la región de Morona Santiago” en productos patrimoniales y artesanías. Frente al auge de la inteligencia artificial, la define como “una herramienta” y no un sustituto de la creatividad humana. “Es clave mantener las capacidades del ser humano”. Su mensaje final al empresariado ecuatoriano se resume en: “atreverse a innovar, atreverse a crear” y “tener la confianza de que las ideas ecuatorianas son tan buenas como cualquiera en el mundo”. A ello se suma un llamado a la acción: “miren a la propiedad intelectual como un activo central del negocio”, clave para atraer inversión, licenciar marcas y protegerse de competidores que, tarde o temprano, intentarán apropiarse de las ideas exitosas.