En la actualidad, a pesar de que la desigualdad de ingresos entre países se ha reducido, la misma ha aumentado dentro de ellos. Las desigualdades basadas en los ingresos, la orientación sexual, la clase, el origen étnico, la raza, el género y las oportunidades siguen persistiendo en todo el mundo, en países desarrollados y en vías de desarrollo. Es así que se ha llegado a la conclusión de que el crecimiento económico de un país no es suficiente para reducir la pobreza y las brechas de desigualdad si este no toma en cuenta las tres dimensiones del desarrollo sostenible: la económica, la social y la ambiental. Tomando esto en consideración, el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 10: Reducción de las Desigualdades, es fundamental ya que la igualdad es una herramienta necesaria para alcanzar el desarrollo sostenible, promover la innovación, proteger el medio ambiente, aumentar la productividad, tanto en el sector público como en el privado, y fortalece las democracias, mismas que son claves para proveer bienes y servicios públicos y desarrollar políticas inclusivas. Consecuentemente, es necesario tener un cambio transformador articulado entre los diferentes actores de una sociedad, incluyendo al gobierno, las empresas, la sociedad civil, los gremios y la academia, para así alcanzar las diferentes metas dentro del ODS 10 y reducir las brechas de desigualdad que afectan a los grupos más vulnerables. Rol del Sector Privado El rol del sector privado es fundamental para contribuir a la consecución del ODS 10 ya que las decisiones que toman las empresas en cuando al valor económico que generan, cómo estructuran y distribuyen los salarios, si deciden pagar o no de manera responsable sus impuestos, así como la manera en la que utilizan su influencia económica y social para estructurar el mercado, pueden tener un impacto tanto positivo como negativo en la reducción de las desigualdades. Asimismo, estas pueden evaluar cómo impactan la distribución de los recursos económicos entre los diferentes grupos de interés con los que trabajan, así como desarrollar políticas corporativas e iniciativas que busquen una distribución más equitativa, y el diseño e implementación de productos, servicios y modelos comerciales enfocados en satisfacer las necesidades de las poblaciones más vulnerables. La reducción de las desigualdades es un buen negocio para las empresas. Esto debido a que al promover la igualdad y participación de grupos marginales y vulnerables, es posible crear un entorno empresarial más estable y predecible a la hora de tomar decisiones al no existir tanta inestabilidad institucional y social. De igual manera, al incluir a estos grupos y crear productos innovadores que cumplan con sus necesidades, las empresas pueden acceder a un mercado inexplorado y crear una base de clientes fieles y así generar mayores ingresos. Finalmente, al incluir a diferentes grupos dentro de la fuerza laboral, existe una mayor diversidad de pensamiento en el lugar de trabajo, impulsando la innovación y la eficiencia.Por: Sebastián Coba, Pacto Global Ecuador