De una pequeña mesa dentro de las instalaciones de Reciclar a una operación nacional pionera en gestión y revalorización de residuos peligrosos. Los socios y Natalia Hermida, Gerente General de Incinerox, han convertido a esta empresa en un caso de innovación industrial, economía circular y liderazgo técnico con propósito. En un sector históricamente predominado por los hombres, su gestión demuestra que la industria también se transforma desde la estrategia, la disciplina y la visión a largo plazo. Hay industrias que nacen para resolver problemas, y hay líderes que entienden que esos problemas, bien gestionados, pueden convertirse en oportunidades para transformar un país. La historia de Natalia Hermida, Gerente General de Incinerox, se mueve exactamente en esa frontera: la de convertir un pasivo ambiental en valor, y una empresa familiar en un referente industrial. La semilla se sembró mucho antes de que Natalia asumiera la gerencia. Incinerox nació del impulso emprendedor de Marco Hermida, Diego Román y Juan Hermida, con un propósito tan claro como visionario para su tiempo: ayudar al medio ambiente desde la gestión técnica de residuos peligrosos y especiales. Lo que empezó en una pequeña mesa dentro de las instalaciones de Reciclar, la primera empresa del grupo y liderada por Marco Hermida, respondió a una necesidad que Ecuador aún no resolvía: dar tratamiento adecuado a desechos industriales que no podían terminar en quebradas, terrenos o cuerpos de agua. De aprender el detalle a dirigir la estrategia Su llegada a la compañía no fue simbólica. En 2009 empezó como asistente de presidencia, aprendiendo desde la operación y entendiendo cada proceso. Esa inmersión temprana en el negocio, combinada con su formación en la Universidad San Francisco, una maestría en Londres y otra en INCAE, le permitió construir una visión estratégica sin perder conexión con la planta. En 2017 asumió la jefatura de calidad y lideró la formalización de procesos, la obtención de normas ISO y la estructuración interna de la empresa. Un año después tomó la gerencia general, respaldada por la experiencia de los socios y con una apuesta clara por innovación, tecnología y nuevos proyectos. “Los socios se dedican a la investigación de las nuevas tendencias de gestión residuos y yo a la parte de innovación y administración de la empresa”, explica sobre la sinergia que marcó esta nueva etapa. También te puede interesar: "La integridad es el valor que debe guiar cada decisión" Innovar en una industria compleja El cambio más profundo fue redefinir el negocio. Incinerox pasó de enfocarse en tratamientos convencionales a desarrollar procesos de revalorización de residuos peligrosos, convirtiéndolos en combustibles alternativos sólidos y líquidos . La apuesta no fue sencilla. Requirió prueba y error, desarrollo técnico y trabajo conjunto con clientes e industria. “Somos pioneros en Ecuador, porque revalorizar residuos peligrosos ha sido una tarea bien compleja, un camino bien difícil, con prueba y error”, reconoce Natalia. Hoy, la compañía opera dos plantas, una en Quito y otra en Santa Elena, con cobertura nacional e incluso en Galápagos. Su cadena de valor va desde la asesoría técnica hasta el cierre del ciclo, donde el residuo vuelve al sistema como fuente energética. Liderar donde no hay margen para improvisar En una operación donde un error puede significar combustión, explosión o contaminación, la cultura empresarial se construye sobre rigor. Natalia lo dice sin rodeos: “Tenemos que hacer las cosas bien, no solo más o menos, sino bien”. Por eso, la empresa fortaleció sus áreas de seguridad, ambiente, formación técnica y protocolos internos. Cada colaborador, incluso en áreas administrativas, recibe capacitación especializada para comprender la naturaleza de los residuos y los riesgos involucrados. Ese mismo rigor se refleja en sostenibilidad: paneles solares, certificaciones ISO, Punto Verde, sello de buen gestor y la meta de alcanzar carbono cero forman parte de una hoja de ruta industrial que integra eficiencia y responsabilidad ambiental. Romper barreras desde el conocimiento En un sector dominado históricamente por hombres, Natalia ha construido liderazgo desde la técnica, los resultados y la credibilidad. “Si eres hombre o mujer no es la prioridad; lo importante es tus conocimientos, cómo agregas valor y qué resultados das”, afirma. Hoy, cerca del 30% del talento de Incinerox está conformado por mujeres, principalmente en áreas administrativas, aunque la compañía ya impulsa campañas para atraer más perfiles femeninos a las áreas de operación, transporte y planta. Más que una bandera, su visión es práctica: abrir espacios y demostrar que la industria también puede evolucionar desde el talento diverso. La huella de la familia Cuando habla de liderazgo, inevitablemente vuelve a su padre, Marco, a quien reconoce como su principal escuela de valores. Responsabilidad, ética, perseverancia y criterio fueron aprendizajes que, según cuenta, no llegaron desde el discurso, sino desde la acción diaria. Quizá por eso define a la empresa desde un lugar profundamente humano: “Incinerox para mí es mi casa, es mi hogar”. Su rutina refleja esa conexión: le gusta estar en la operación, revisar procesos, destrabar cuellos de botella y, al mismo tiempo, proyectar la estrategia a cinco años. Entre la planta y la sala de decisiones, Natalia construye una forma de liderazgo que mezcla cercanía y visión. El futuro: transformar más residuos en valor El siguiente paso es ampliar la frontera tecnológica del negocio. La meta es desarrollar al menos dos nuevos tratamientos para residuos que hoy todavía no pueden revalorizarse en Ecuador. La visión de largo plazo se mantiene intacta: seguir encontrando valor donde otros solo ven descarte. “Yo veo a Incinerox encontrando tratamientos que hoy no existen en el país para transformar esos residuos en recursos”, concluye. Por: Andrés Calvopiña Cervantes Fotos: Vicente Costales