Rosalía recalcó que vale la pena insistir en esta premisa, porque la humanidad está construyendo su propia extinción. Relatando la historia sobre la Isla de Pascua publicada en el libro Colapso -que describe situaciones y demuestra cómo las civilizaciones se han extinguido a lo largo de la historia-, la ex presidenta comentó cómo los nativos de la isla empezaron a consumir todo lo que encontraron para crear los moáis, unos tótems de piedra enormes que aún se encuentran en el territorio chileno. Este consumo masivo y desproporcionado por la civilización fue la clave para que la misma se extinga. “Estamos teniendo el mismo riesgo que los indígenas de la Isla de Pascua”, sentenció Arteaga. La idea clave de la presidenta de UNIR trata sobre la urgencia de actuar por la preocupación de lo que puede pasar con el planeta a futuro. Habló de cómo los organismos multinacionales solo hacen “grandes declaraciones y pocas acciones”, y que mientras las cumbres continúan, aún no se arrojan buenos resultados que esperancen al planeta, porque después de firmar convenciones y agendas, los gobiernos tienden a olvidarlos. “Tengo más fe en el compromiso individual y los gobiernos locales”, aclaró, y lo relaciona con la importancia de la educación en la construcción de individuos que construyan proyectos que ayuden a cambiar la realidad del planeta. “La única forma de cambiar la actitud de las personas, es a través de un proceso educativo, entre casa y escuela”, añadió, mientras representó en palabras cómo el cambio de comportamiento es fundamental en el camino de la sostenibilidad. Hizo un llamado hacia la academia y escuelas para generar una moderna cívica, enfocada en la preocupación por la naturaleza. La situación actual nos obliga a realizar acciones empáticas con el resto del planeta, empezando por uno mismo. Es por ello, que recomendó una acción concreta en Latinoamérica: “Brasil debería pagar la reforestación de las cuencas de fuentes hidrográficas en países andinos, pues de ahí salen los ríos que terminan alimentando la gran vegetación del Amazonas”. A partir de este ejemplo, mencionó como lo local tiene afectaciones en lo global y viceversa, e hizo un llamado a las personas a volverse más “glocales”, un término que para ella define el comportamiento actual de la cultura Otavalo, donde se utilizan las herramientas mundiales, pero se mantienen las culturas y tradiciones propias de la localidad. Para concluir, recordó a los asistentes que “tenemos que pensar en todo lo que hacemos, en nuestras acciones, porque there is no a planet B”.